Lucy era la contadora y jefa administrativa de la empresa Toda
información pasaba por sus manos, mejor dicho por su mente, o ambas cosas.
- 0 me sirves café o…
- ¿O qué?, dígame, pues, ¿O qué?
Siempre ganaba.
Finalmente aparecía con dos tazones de café, uno para mí y uno para ella.
Durante
cinco años jugamos a lo mismo. Al final solo le mostraba los sobres de
café y sin decirnos nada permanecíamos mirándonos esos largos minutos, llamado forcejeo mental.
Este mes decidí ir de nuevo. Habían
pasado seis meses y era hora ya de visitarla. Llegué mientras ella almorzaba en
el casino así que discutí algunos temas con el dueño, planificando actividades
para el año que siempre parte cuando termina marzo.
- Lucy se nos casa. - Me dijo, como si él también lo sintiera. - Está de novia.
Apenas terminó la reunión partí a su oficina. Ahí estaba de pie buscando
algo en la repisa, dando la espalda a la puerta
- Así que te casas, Lucy – dije mientras avanzaba hacia ella.
Ella giró asustada y sin que reaccionara la tomé de la cintura rodeándola
fuerte, la levanté y giré con ella abrazada a mi cuello mientras sentía
su risa en mi oído.
– Sí, estoy feliz –
La dejé suavemente en el suelo y sin soltarla ella me mostró su mano con el
anillo de compromiso. Sentía su cintura frágil.
- Esta vez no te voy a pedir que me sirvas café, sino que voy a ofrecerte
un regalo
Ella se puso seria, algo presentía, más aun si todavía la tenía abrazada de
la cintura pegada a mí
– Voy a regalarte una despedida de soltera, solo tú y yo
Lo dije y su respuesta vino de la misma forma que cuando le pedía café:
Estuvimos largos segundos mirándonos fijamente a los ojos ejerciendo el mismo
forcejeo mental.
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