miércoles, 9 de abril de 2008

Lucy

Lucy era la contadora y jefa administrativa  de la empresa Toda información pasaba por sus manos, mejor dicho por su mente, o ambas cosas. 
Era el brazo derecho del dueño. El anterior brazo derecho se fue a trabajar a un casino, de estos de juegos de azar. Pudo más el ruido de las tragamonedas que las buenas intenciones del patrón, en convencerlo, digo, porque a lo mejor no le pagaba mucho, que se yo. Lucy cada cierto tiempo me llamaba por teléfono y me entretenía con largas conversaciones de su trabajo y situaciones de su vida diaria. ¿Qué obligación tenia de contarme todo?  Ninguna. A veces la visitaba, cuando el problema en los sistemas era mayor. Era una mujer tierna, menudita, que siempre vestía oscuro, más delgada lucía todavía. Recientemente había cruzado la curva de los treinta años. Debo decir que le costaba decidirse a servirme café. Se sentía  presionada porque yo llegaba con varios sobres comprados en el negocio de la esquina. Pero mi mirada fija a sus ojos, sin rogarle ni suplicando, sino que negociando con la mirada, porque mal que mal le estaba solucionando un problema que de no ser así a ella le tomaría sus buenas horas resolverlo, obtenía resultados. Era astuta. Eso ella lo sabía. Por eso que después de la petición de servirme café y ante mi fija mirada ella permanecía impávida  Eran largos segundos de forcejeo mental, Largos segundos sin decirnos nada.
- 0 me sirves café o…
 - ¿O qué?, dígame, pues, ¿O qué?
Siempre ganaba.
Finalmente aparecía con dos tazones de café, uno para mí y uno para ella.
Durante cinco años jugamos a lo mismo. Al final solo le mostraba los sobres de café y sin decirnos nada permanecíamos mirándonos esos largos minutos, llamado forcejeo mental.
Este mes decidí ir de nuevo. Habían pasado seis meses y era hora ya de visitarla. Llegué mientras ella almorzaba en el casino así que discutí algunos temas con el dueño, planificando actividades para el año que siempre parte cuando termina marzo.
- Lucy se nos casa. - Me dijo, como si él también lo sintiera. - Está de novia.
Apenas terminó la reunión partí a su oficina. Ahí estaba de pie buscando algo en la repisa, dando la espalda a la puerta  
- Así que te casas, Lucy – dije mientras avanzaba hacia ella.
Ella giró asustada y sin que reaccionara la tomé de la cintura rodeándola fuerte, la levanté y giré con ella abrazada a mi cuello mientras sentía su risa en mi oído.
– Sí, estoy feliz –
La dejé suavemente en el suelo y sin soltarla ella me mostró su mano con el anillo de compromiso. Sentía su cintura frágil.
- Esta vez no te voy a pedir que me sirvas café, sino que voy a ofrecerte un regalo
Ella se puso seria, algo presentía, más aun si todavía la tenía abrazada de la cintura pegada a mí
– Voy a regalarte una despedida de soltera, solo tú y yo
Lo dije y su respuesta vino de la misma forma que cuando le pedía café: Estuvimos largos segundos mirándonos fijamente a los ojos ejerciendo el mismo forcejeo mental.

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