Hace unos años, recuerdo, se me quedó el llavero en el bolso negro, de esos que se usa al hombro donde acostumbro transportar la agenda, un libro para leer en las infaltables esperas y los cachureos de uso diario.
martes, 22 de junio de 2004
miércoles, 9 de junio de 2004
Antesala
Había comenzado cómo un juego. Movía sus piernas de un lado a otro cuando se sentaba en la sala de espera, frente a él. No sabía por qué lo hacía. Quizás porque veía en él a un hombre atractivo, apasionado y presentía que en su interior mantenía un secreto que despertaría su interés.
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