Revista de Pato Donald
Una gloria. Mi gloria es poder saltar las piedras que estorban mi rítmico caminar.
Son muchas.
Y como los dibujos animados pato Donald y Hugo, Paco y Luis estas piedras engordan.
Se inflan y se recogen. Y si uno las sigue nos metemos en grandes cuevas que conducen al centro de la tierra.
Y hay piedras buenas y piedras malas. Las malas son rojas y las buenas son verdes.
No se como las cuevas están iluminadas pero se ve todo hasta el fondo.
Y uno camina por senderos que van circundando hacia abajo y aparecen nuevas cuevas, cada vez mas gigantes,
que a su vez están llenas de agujeros de donde salen las piedras, Las piedras pequeñas brotan de los agujeros pequeños, y las grandes salen de los hoyos grandes.
Y siempre están rodando por los senderos desordenadamente en fila y cuando se topan se unen y crecen al doble.
Y cuando colisionan se parten apareciendo varias piedras.
Llegan al fondo y de los agujeros superiores aparecen otras.
Las cuevas son gigantes. Cuando se mira hacia abajo es como mirar rascacielos pero a la inversa.
Y uno tiene miedo de caer o que te empuje una piedra que pasa raudamente por el lado.
No puedo moverme para esquivarlas porque sino caigo al vacío.
Las verdes se comen a las rojas y engordan y las rojas chocan a propósito con las verdes dividiéndolas.
Esa es su guerra. Cuando la verde engorda mucho cae al vacío haciéndose añicos en el fondo.
Las piedras son muchas y meten bulla al rodar, joden como un demonio, pero aun así son pequeña ante la majestuosidad de las cuevas.
Caminar por ellas siguiendo los senderos es una aventura sin saber cómo finalizará.
Es fácil salir de las cuevas. Basta subir y ya está. Pero caminar hacia el fondo es la vida.
La curiosidad de saber donde van a parar las piedras en el fondo y como vuelven a emerger desde lo alto es sin duda nuestro destino. Mientras estas piedras tienen vida propia y son indomables.
Dentro de la cueva enorme hay cerros, que a veces tocan el techo pero son bolas rojas que se desarman y caen como avalancha
para romper las verdes. Y ahí, entre medio estamos nosotros.
Solo atinamos a tener cuidado.
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