viernes, 17 de noviembre de 2006

Vista a la de re...

A raíz del asesinato del pelotudo que entró al regimiento Buin a insultar a la guardia. Hay dos cosas que se resaltan en el comportamiento de nuestros uniformados, que a pesar del montón de años que ya se retiraron a sus cuarteles, aun no se les quita. Esa lealtad mal entendida.

Esa testarudez de defender al de grado mayor frente a los civiles aun cuando éste los lleve por camino errado. Cuando le insultan a su jefecito que no dudan en llamar, mi cabo, mi sargento, mi mayor, mi general, saltan como hembra sobre el atacante de sus cachorros a exterminar al insolente a como de lugar. Aplicando fuerzas desproporcionadas, esperando que el mismo de mayor grado por el cual están agrediendo, sea quien de la orden de parar. No se detienen, es como si un ebrio quisiera poner fin a la tomatera. Imposible. Y aun así, después cuando llega el momento de aclarar los hechos forman fila para defenderse, defienden lo imposible. Se transforman en testigos ciegos, vieron pero parece que no era lo que vieron.
La otra cosa es que mientras cometen el ilícito están convencido que nunca los van a pillar y menos culpar. Aun cuando el caso esté en etapa de investigación, más si aparece por televisión, niegan hasta el último instante que los hechos ocurrieron como se describen. Me refiero a negar en bloque, sin disidentes. Y las pocas veces que han descubierto a los culpables, se refieren a ello como una persecución. Política cuando es política o administrativa, cuando es interna, eliminando al más débil. Esas dos cosas fueron las que permitieron que en dictadura se cometieran los abusos que todos conocemos. Lealtad sobre el de mayor grado, permitiendo que matara, robara, abusara, y pensando ignorantemente, sin ninguna sabiduría, que las paredes hablan, los muertos después flotan, que no hay episodio en la historia que se haya quedado sin resolver, y que simplemente mas temprano que tarde los iban a pillar. Dos cosas entonces. Esa lealtad mal entendida y creerse intocables.

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