Cuando cumplí los 45 pensaba que con suerte podía llegar a
los noventa años. Creía estar viviendo entonces la mitad de mi vida y así, con
mucho optimismo, iniciaba los siguientes 45. Muchos pensaban así, así que
porque yo no podía pensar igual. 40 o 45, la mitad de mi vida, lo dice hasta el
más escéptico. Miraba a mis hijos y pensaba que tenía para verlos muchos años
mas. ¿Cuántos proyectos se tejen y se construyen a los 45? Cuando la madurez y
la experiencia ganada hacen la vida un poco más fácil, al menos en el plano de
las ideas, de las decisiones, de los miedos y otras yerbas. Miraba hacia atrás,
desde el comienzo, lejos, cuando era un niño prácticamente sin ningún futuro
esplendor y desde ahí recorría las distintas imágenes, como una película en
cámara rápida, como iba pasando el tiempo, y ahí si, sentía el peso de la
historia, de los años vivido. Son bastante, creo yo. Concluía que no había sido
fácil. Pero aun así me había mantenido vigente en cada una de mis actividades.
Nunca había ido al médico, nunca conocí una enfermera, al
menos ella de pie y yo en una camilla. Si a la inversa. Pero si conocí otros
males. Conocí abogados, traté con contadores, corredores de propiedades y
estuve muy cerca de los políticos y los militares. No se lo doy ni a mi peor
enemigo. Aprendí que la felicidad existe, pero solo segundos, como relámpagos que
iluminan una noche tormentosa. Me reservaré para mas adelante muchas otras
observaciones, pero lo que quiero decir ahora, que inmediatamente después que
cumplí los tan vividos 45, los años se instalaron en mi cuerpo y asoman sus
cabezas por todas partes. Hoy, ya en los cincuenta, noto que esta década ha
sido la mas corta en comparación a las otras. Y eso responde a una situación de
números, ya que la sensación de vivir estos últimos 10 años equivalen a un
quinto de mi vida, y para un joven que cumple los veinte, la última década es
nada menos que la mitad de su vida. Eso responde por qué cada año es mas corto.
Lo negativo de todo esto, es que ya el cuerpo, no por lo cansado, sino que por
el cúmulo de experiencias y emociones, que conviven con cada uno de los seres
vivientes que tengo dentro del cuerpo y asoman sus cabezas, me
la están haciendo difícil. Al punto que ya no tengo la sensación de vivir otros
45 años, como irónicamente me parecía a los 45, sino que a duras penas siento
que voy a vivir hasta los sesenta y de ahí en adelante los años de gracia. Solo
podré ver a mi hijo menor, que tiene apenas 18 años, sólo hasta los 28,
a mi nieta que tiene 8, podré verla
hasta los 18. Mirado desde este punto de vista la situación y las expectativas
son simplemente y sencillamente delirantes. Y la memoria esta viva, y mientras este viva
quiero escribir cada una de las situaciones vividas y tal cual como se
sintieron en su momento. ¿Será divertido? No lo se. Pero siento que es
importante que lo haga. Hay ciertos mensajes que tengo almacenados en mi mente,
que están apretados y tienen deseos de salir, seguramente quedaron estancados y
no evolucionaron, y es necesario descifrarlos. La mente sana se encarga de
olvidar los malos momentos y mantienen a las personas equilibradas solo con sus
recuerdos felices, de ahí su esperanza en la vida, en las personas, en el amor,
pero yo tengo un revoltijo de situaciones inconclusas y cosas sin resolver,
contradicciones básicas entre lo que esperaba de la vida y lo que recibí
finalmente, un misterio de preguntas sin respuestas que están alojadas y
espero, como dije anteriormente, pueda identificar y botar al papelero. Es
necesario sacarlas, meten demasiado ruido y producen jaqueca. Deseo, y lo digo
de corazón, una vez escritos pueda olvidar esos momentos la mayoría amargos, y
pueda vivir estos últimos años con la tranquilidad sicológica que necesita creo
yo, cualquier ser humano.
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