miércoles, 17 de mayo de 2006

¿Que es lo que tengo que decir?

¿Que es lo que tengo que decir?
Me pides que te escriba y solo se me ocurren payasadas. Un síndrome que padezco y se llama quedar en blanco. Me va a salir todo mal.

La única forma es describirte cual es mi situación y como la entiendo cuando me siento a escribir. Cuando escribo solo estoy recordando lo que en algún momento pensé decirte y no es claro que trascriba exactamente lo que me imaginé. Es un resumen editado y perfeccionado. Una perfección de lo absurdo. No es natural.
Después de estar a tú lado. Después de cruzar el umbral de la testarudez y caminar hacia lo sensato diviso hacia atrás una luz como señal que esté donde esté estoy resuelto a recordarte.
Ya estoy en mi casa. Por fin llegué. Falso. Quisiera ser un poco más específico. No digo por fin llegué, ya que no estoy muy seguro si el llegar a casa signifique algo así cómo una meta. Vamos por parte. El trayecto en microbús es relativamente breve, de tal manera que lo considero un viaje suficiente para despejar los olores del trabajo y diría que casi placentero: no me alcanzo a aburrir. Me aburriría si el mismo trajín lo recorro manejando. ¿Qué puedo hacer si estoy ocupando el tiempo manejando?. ¿Pensar? Es cierto. Pero pensar es lo que hago todo el día. Sería un poco absurdo dedicar el trayecto a casa para inmiscuirme en mis pensamientos, sean abstractos o atrevidos. Esta introducción la hago a propósito, porque si viviera más lejos, de esos viajes que duran aproximadamente una hora, quién sabe sí diría por fin llegué.
El pensamiento que nace desde el interior avisando que nos acercamos a nuestra morada va acompañado de un relajo, como si lo que depende de nosotros es perfecto. Pero no es tan así. Lo más probable, cuando llegue a mi casa, advierta que todo está donde mismo. ¿Cuál es la novedad, entonces? Abro suavemente el portón y atravieso el jardín cómo un experto intruso que sabe de antemano que no lo quieren recibir pero, cómo es porfiado, aparece sin dar ninguna posibilidad a los que están adentro de negarse o de camuflares. Abro la puerta con llave y accedo a un pequeño espacio en relieve donde a la derecha está la pieza comedor, confundida cómo pieza escritorio, al frente está el baño de visitas, a su costado izquierdo el acceso a la escalera que gira mientras sube, más a la derecha, en el espacio que se produce bajo la escalera se ubica la puerta de la cocina y después, ya caminando hacia la izquierda y bajando el escalón maldito : el living, todo a la vista, gigantesco, espacioso. Siempre hay alguna de mis hijas perdida entre los grandes cojines de algún sillón viendo una película del cable y comiendo membrillo con sal. Si mi hijo aun no ha subido, es probable es que esté dormido tendido a su largo en la alfombra. No se dé que depende, pero a veces corren a saludarme, cómo una competencia infantil, y se forma un tumulto en ese pequeño espacio, no cabemos todos, entre que saco la llave de la puerta, la cierro y estiro la cara para repartir besos, casi me botan. Se lo merecen, me lo merezco, soy el rey. Otras veces tengo que interrumpir con un grabe HOLA para atraer su atención. Obligadas se acercan y recibo besos por compromiso. Son de esos momentos que desearía tener un perro enorme, de los que han existido siempre en la casa de mis padres, policiales, gigantes, toscos, babosos, cargantes. Son fieles los perros. Saben que vienes cuando todavía faltan aun cuadras por llegar. Desde la distancia escucha y suspende lo que estaba haciendo, abre sus enormes orejas cómo si fueran radares y apunta la mirada hacia el lugar donde aparecerás. Si llegas en auto reconoce el motor desde muy lejos. En casa de mis padres, cuando aun vivía con ellos, la calle recorría un par de cuadras ante de llegar a la casa. Dando de frente. Así podía ver los ojos rojizos reflejados por las luces del auto desde muy lejos. Ahí estaba él. Si yo detenía el auto en casa de algún amigo, en esas dos cuadras, el se quedaba incólume en la entrada mirándome, tendido, echado. No claudicaba la vigilia. Cuando realizaba intento de avanzar el automáticamente se levantaba de un salto y, por cierto, movía la cola. Esos perros eran mío. A todo el mundo de la casa, incluso familiares esporádicos, lo ensuciaban, se subían a babosear sus caras. El perro estirado era más alto que todos. Pobres niños, de un manotazo los tumbaban. Los embarraba. Se acabo la pinta dominguera. Cómo única solución mis padres lo tomaban de la correa y fuerza con él mientras las visitas corrían desde el portón hasta el interior. En esa casa nunca existía convivencia en el hall de entrada, ya sea tomando sol o despidiéndose. El perro lo arruinaba. Con mi padre era el colmo. El perro lo aplastaba en caricias. Sin embargo, conmigo la cosa era diferente. Obedecía con la mirada. Nunca se arrancaba. No necesitaba andar con correa en la calle. Nunca ponía una pata en mi ropa ni a nadie mientras yo estaba ahí. Cuando lo hizo, lo castigué. Vida de perro. No fue necesario más. Sólo un par de veces en los quince años de vida. Ellos están ahí, esperándote. Cómo premio le haces sentir que es él verdadero rey de la casa, los demás son pamplinas.
A veces me cambian la posición de los sillones uno con respecto al otro. << - Caramba, quedó bonito. >> digo. Aun estando fuera de casa todo el día realizando miles de actividades diferentes, conociendo a otros ciento de personas distintas, de todas maneras uno esta acondicionado para realizar las mismas cosas que se hacen cuando se llega a la casa. Y eso durante todos los días. Saludar, sacarse la corbata, pasar al baño, cenar. En ninguna otra parte ceno. Aquí sí. Mientras lo hago me siento un ser relajado. El comer neutraliza el miedo, los temores; me vuelvo manso. Es la hora que pueden disponer de mí para cualquiera de las peticiones caseras. Y de hecho así es. Trato de no pensar en ello, aunque no me molesta, pero es un precio que hay que pagar. En cualquier circunstancia es necesario pasar por todo esto. Lo cierto es que estoy con mis hijos y converso con ellos. Les hablo y ellos me hablan. Transacción perfecta. Triste sería si lo hiciera solo o en su defecto ellos conversaren solo. Pero después: al toque de gong se esfuman. Uno suben a dormir, otros ven televisión. Me arrinconan. A nadie les importa mis problemas. Ojalá nunca los entiendan. Ojalá nunca se atrevan a investigar cuales son.
De pronto me encuentro solo en la pieza que hace las veces de comedor y escritorio. Se mezclan la mesa comedor con seis sillas y una mesa con un computador. Las paredes están repletas de cosas que mi señora pinta. Platos, cuadros, figuras, papel, etc., distribuida en todas las paredes. La ventana es cubierta por un visillo y una cortina que por supuesto ella misma la confeccionó. Un color verde botella que combina con la pantalla de género que cuelga precisamente al centro de la mesa. En realidad no combinan. Ambas son de color verde botella. En una de las paredes hay una repisa que la improvise yo mismo, hace años. Son seis palos verticales cuidadosamente lijados y barnizados que cubren todo el alto de la pared. Nacen en el piso y se afirman en el techo. O a la inversa. Tiene 6 tablas lacadas de negro muy brillante, de dos metros de ancho. O sea, la repisa mide dos metros de ancho. Sobre las tablas hay diversos libros, amontonados por temas. En cada tabla pretendo tener libros de temas parecidos. Los libros técnicos, llámese computación y afines a la profesión, están todos en una misma tabla. Cuando ya no hay espacio para más libros en la tabla los despacho. Los elimino. No me interesan. Carecen de la más mínima importancia. El equipo de música lo instalé en otra tabla y suena muy bien. Los parlantes los puse en la última tabla, cerca del techo. Allá están. Cuando suenan le dan música a toda la pieza. Luego se fueron ocupando las restantes tablas dando lugar a los libros que actualmente componen mi biblioteca. Mis hijas tienen otra. Cada una tiene una cama con repisa adosada a lo largo de tres tablas. Las tienen llenas de libros. No los han leído todos, pero no se pueden quejar. Yo los míos los he leído todos, aunque no completos. También he leído algunos de los de ellas. Inés lee mis libros pero ella colecciona revistas. Tiene altos de cajas. Actualidad, moda, artesanía, colecciones de arte, pinturas y fotocopias de dibujos.
Cuando termino de cenar yo no me levanto de la mesa. Retiran las cosas y me quedo solo. Alcanzo la mesa con el computador y lo enciendo. Tiene rueda. Al mismo tiempo cierro la puerta y selecciono música directamente desde el computador. Si es temprano voy a ver las noticias al living y después vuelvo. En ese instante el reloj se detuvo. Solo me avisa el frío que tengo que acostarme y dormir una cantidad de horas por que al otro día hay que levantarse muy temprano. El invierno me pone nervioso porque el frío me consume. No me gustan las estufas. Es distinto el frío que uno siente cuando lo enfrenta a cuando uno está indefenso en su reducto.
Mis libros los tengo al frente. Desde aquí los veo. Los separo entre los libros de ficción y libros de no-ficción. Y dentro de ella por temas. Persona que viene a mi casa se lleva uno, a veces varios. Me siento muy bien cuando miran mis libros. A veces los sacan y los comienzan a ojear, como si quisieran encontrar imágenes. No todos lo hacen. Otros se han dado la lata de contarlos. Claro. Si contabilizan la cantidad de libros nuevos y saben los precios de cada uno, sabrán cuando dinero hay invertido. Que estúpidos. Si sacaran la cuenta por cada cosa que consumen en comida, en bencina, quedan cortos. ¿Cuánto se comen?. ¿Cuánto se toman?. En fin. Yo me los leo. Cuando me toca visitar a alguien siempre me he sentido interesado en curiosear cada uno de sus libros que la persona tiene. Como si buscara algún detalle de su personalidad en sus libros. Termino trayéndome uno. Yo si los devuelvo. Por una razón muy precisa. Mis tablas están llenas y no hay espacio para libros flotantes. Los llevo a mi velador y ahí perecen. Los devuelvo. Siempre. Además, así me prestan otro.
Sabiendo que mañana no tendré que levantarme a las 6:25 mi cuerpo reacciona diferente. Sabe que tengo licencia para quedarme despierto una buena parte de la noche. ¿Cuánto podré durar despierto?, No sé. Planifiqué durante el camino a casa las cosas que voy a escribir. A veces escribo muchas cosas relacionadas con el trabajo. Todo lo acontecido en el día y hago planes para las tareas del día siguiente. Es más fácil pero más estresante. Otras veces escribo las cosas que siento, cómo ahora. Que sí es motivador. Me gusta mucho releer las cosas que ya he escrito. Me gusta escribir historias. Pienso en alguna y creo toda una ambientación con personajes y diálogos. Mucha fantasía. Releo también libros. A veces ando en la onda de leer libros de ficción. Me gusta la prosa. Me encanta la imaginación del autor en inventar tantas situaciones, tanta tontera. A veces me motivan los libros de no-ficción: libros de política, biografías, historia. Me gusta el juego de palabras técnicas con la narrativa normal. Todos estos libros los rayo con “destacador”, de distintos colores. A veces me dicen: ¿Tú eres de esos tipos que rayan los libros?! SIC. Así cuando los releo siento que los leo mucho más rápido al leer sólo lo que está destacado. No rayo los libros de ficción. Ahí no hay nada que rayar. Sería una estupidez. Así también es una estupidez no rayar los libros de no-ficción. Según el tema leído en los libros de no-ficción invento historia y diálogos, con personajes creados de acuerdo al tema y a veces con personajes que yo conozco, reales. Cómo dijo Lafourcades en algún artículo del Mercurio: “Hay algunos que escriben para vengarse de alguna pololita o algo así”. Dio en el clavo. Los castigo de esa forma, los ridiculizo. Esa es mi venganza. Ahora, si son personajes positivos los inmortalizo.
Cuando tengo mucho que pensar y me invade el frío, me acuesto. Las cortinas de mi pieza son oscuras, no dejan pasar nada de luz. Pienso mejor acostado y tapado hasta muy arriba. Acalorándome. Me mantengo en ese estado mientras neutralizo el frío y organizo mi mente. En ninguna otra parte siento lo que me sucede en la cama. Es la soledad pura. Es mi soledad. Mi cuerpo queda indefenso a todas las fuerza extrañas. Solo estoy para mí. Es ahí donde el pensamiento no se apoya en nada más. Son mis propios olores los que me envuelven. No hay imágenes, letras. Es oscuridad total. Cuando mi vista se acostumbra las dimensiones se alteran. El espacio es inimaginable. Si miro veo, pero no distingo el límite. No hay cielo, ni puertas, ni paredes. Sólo siento mi aliento que se queda aprisionado en las tapas. Da lo mismo si me acuesto de guata o de espaldas. De lado o del otro lado. Soy un bulto de carne que a veces pega saltos como avisando que me estoy durmiendo. Señal para despertar nuevamente y no apresurar el sueño. Aún queda mucho por pensar. Es ahí cuando los recuerdo dan validez a todo lo pasado. Pienso en como debieron haber sucedido las cosas. Modifico mis pensamientos. Queda grabado como debió haber ocurrido y no como ocurrió realmente. Cuando evoco esos instantes ya no es la situación real la que recuerdo sino que es la modificación que realicé esa noche. Así sucedió con grandes pasajes de mi infancia. Fueron modificados a mi manera y quedaron así en el recuerdo. Me resulta hasta divertido. Cuando las recuerdo ya no es la misma historia. Cuando me suceden cosas conflictivas espero que llegue la noche y resuelvo todos los problemas generando un sin numero de situaciones y elijo la mejor. Al menos selecciono la menos mala cuando estas son desagradables. Me doy el tiempo. Tengo recuerdo muy antiguos y aun los mantengo en la memoria pero en versiones diferentes.
Mientras tengo esos pensamientos y juego con los posibles recuerdos, modificándolos, planifico también cuales serían las convenientes a realizar a futuro, cuando aun el evento está inconcluso. Son cualquier cantidad de escenario que recreo y replanteo cuando la situación es difícil. Esto muchas veces me trae problema, porque el resto de las personas no divagan mucho en los hechos, sino que los mantiene tal cual como están y sobre eso suponen cual es el comportamiento futuro. No tienen tanto donde elegir, ni siquiera se dan la tarea de soñar.


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