domingo, 28 de agosto de 2005

Tener voz

Este asunto de no inscribirse en los registros electorales es un comodín para muchos. Yo me inscribí en plena década de los ochentas, antes del plebiscito, cuando estar inscrito era prueba de ser un buen ciudadano.
Se entendía que si estaba inscrito era partidario del SI, por lo tanto era confiable
en materia laboral para los poderosos. Ganaba el SI, esa era la tónica. Luego la personas de pensamiento democrático guiadas por los partidos del No de ese entonces pensó que se podía ganar el plebiscito y así fue como la gente común se inscribió en masa. Tanto fue la vuelta de carnero que los pacos y los milicos andaban quitando el carné a los que se manifestaban públicamente por el NO. Un voto menos. Que forma de perder. En fin.
En mi primer barrio, de casas grandes y antiguas, donde los padres, dueños de las casas, le construyen un par de piezas o una casa prefabricadas al fondo del patio a los hijos cuando se casan, para que vivan mantenidos por ellos mientras terminan de estudiar o la gran utopía de esperar que logren independizarse, inmediatamente llegada la democracia, formaron las famosas juntas de vecino, exigida por la municipalidad para poder organizar mejor las peticiones de las personas, que en democracias si son escuchadas. Estoy hablando por allá por los años 90, (hace 15 años) los idealistas jóvenes allegados, sin tener nada que hacer, formaron la juntas de vecinos. Habían varios grupos, los de izquierda y los de mas a la izquierda. Sin tener donde caerse muerto se dedicaron a obtener el máximo de recursos de la municipalidad, juguetes para los niños, plata para fondas, la construcción de una sede para juntarse, armar un club deportivo, centro de madres, etc. Todo iba bien, pero como la corrupción se da en todos los niveles, la plata se iba directo a los que dirigían. Ya las fondas o las fiestas no eran comunitarias, donde al principio asistían los padres, que en definitiva son los dueños de las casas, sino que rápidamente fueron reducidos a fiestas de grupos, donde el éxito se medía por la cantidad de garrafas que la municipalidad les donaba. Ya no importaban los implementos deportivos, arena y cemento, tablas, sino que garrafas. Todas esas fiestas terminan en descomunales grescas y heridos y los jóvenes idealistas botados en las calles muerto de curados.
Las viejas y los viejos, dueños de las casas, entre ellas mi madre, se quejaban diciendo que iban de mal en peor, que daba vergüenza ajena ver a estos “niños”, ya la mayoría adultos comportándose en forma tan interesada. Muchas viejas querían que vuelvan los milicos, para erradicar dicho mal. No sabían que hacer. De repente salía un grupo mas decente para hacerles oposición pero siempre ganaban los mismos 48 a 15, o 50 a 10. La paliza era descarada.
De pronto las viejas dijeron, primero en broma luego en serio, “nos vamos a inscribir y ahí van a ver lo que es bueno”. Se corrió la voz, las viejas y las no tanto se unieron, al final estaban todas las casas que correspondían al sector comprometidas en votar. Propusieron una directiva de adultos jóvenes y se inscribieron. Ganaron 248 contra los típicos 50. Los papasnatas idealistas desaparecieron del mapa. Se acabaron la tomateras. Las plazas de nuevo tienen pasto, hay club deportivo, construyeron una iglesia, centros de madre. fiestas de navidad, Etc.
Moraleja: esta de mas, no creen.

4 comentarios:

  1. No se, un poco de idealismo no viene mal en medio de tanto pragmatismo caga gente. Un mundo feliz lleva tanto tiempo dando vueltas que parece que no hay moraleja en ningún texto sagrado... amén

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  2. me gusta tu blog, estaba buscando algo que escribiste el 6 de agosto,,, se llamaba gastos fijos. creo que lo sacaste, me gustaria leerlo denuevo!

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