lunes, 17 de septiembre de 2018

El auto del dueño

"No tienes que inmiscuirte en los temas de las empresa". Lo repetía mientras conducía a la reunión de avance del Sistema hace pocos meses instalado. La reunión era con los cinco jefes de departamentos.
Lo desagradable era que me solicitaron esta reunión extraordinaria porque según sus indicadores internos no existían avances y la agendaron en una semana donde ya tenía mis propios compromisos enmarañados y en un horario donde todo Santiago está en las calles. Y lo peor de todo, sucede siempre, es que aun llegando puntualmente ninguno de los jefes comprometidos se mostraba disponible aludiendo a su carga de trabajo. Sólo uno, el subgerente de computación, me rescataba de la sala de reuniones, donde permanecía sentado hace ya más de quince minutos, convidándome a su oficina a repasar la pauta técnica con los temas a discutir. Cómodo porque este personaje era de mi edad, a diferencia de los otros figurines la mayoría quince años menor.

Frente a un café el subgerente me bombardeó con los atrasos anotados en su cuaderno. “ De las liquidaciones de sueldos, nada, trabajando aun con el programa antiguo, nada de cuentas corrientes, nada de banco, no existe balance y el sistema está inestable en la red”. Le puso un visto bueno al lado de cada punto, dando por terminada su función de alegato. Se inclinaba en su sillón esperando mi respuesta.

Para mí fácil, respuesta aprendida como rezo.

- En la propuesta incluía liquidar los sueldos, mis contadores auditores se encargarían de la contabilidad, completa, con producción, compras, ventas, existencia y para evitar trastornos en la red, te ofrecía la nube. Además de personas para capacitar y digitar a tiempo completo. Tú eliminaste esos puntos.

Lucía un semblante de sorpresa. Obvio que no esperaba tal respuesta y el tenor. Después de largos segundos rematé que si no son capaces de programar esta reunión en un horario donde al menos asistan, menos se puede esperar que logren implementar un sistema.

Me salvé. Porque en ese momento, el dueño de la empresa, aparatosamente llegaba en su lujoso auto nuevo y que, a través de los ventanales, noté que no éramos los únicos, lo observamos, me incluyo, no sin admiración y un poco de envidia mientras lo ubicaba en su estacionamiento exclusivo.

- Bueno, - dijo - mientras esperamos la reunión - ya sin ánimo de continuar con lo que el mismo propuso, quizás hasta con deseos de mandarme de nuevo a invernar a la sala de reuniones, - hagamos un poco de labores domésticas

Comenzó a archivar los papeles que lucían en dos sendas pilas sobre su escritorio.  

-          Los papeles sobre el escritorio reflejan atraso. – Dije.

Ya le estaba incomodando está reunión. Sin disimular su molestia se sentó y comenzó a llamar a los jefes comprometidos a que nos reunamos de una vez por todas.
  
-   Te doy un consejo, y te lo digo en buena. Cuando nos reunamos, programa con ellos capacitación, ofrécete liquidar los sueldos, hazle una demostración de cómo procesar las compras y el inventario. Salgamos de este embotellamiento de una vez.
  
-          Vengo con la propuesta. Es cosa de acordar que puntos le interesan.

-          Entiéndeme, lo que te estoy solicitando es que la ofrezcas sin costo para nosotros, si mal que mal el sistema es tuyo, es tu prestigio. - Tragué saliva.

La reunión comenzó y noté que todos iban a seguir la idea de la propuesta del sub gerente. Recuerda: “Sin costo para nosotros” me alcanzó a decir antes de entrar.

Ellos se excusaban por la tardanza aludiendo que uno estaba viendo la red, otro sacando un virus a un computador, un tercero revisando que las camionetas estén en buen estado, sumando el archivado de papeles, del subgerente. Yo pregunté si dentro de las actividades diarias llevan un registro del uso de las horas individuales.

Cómo noté que la pregunta era incómoda, desubicada, quise suavizarla diciendo que es caro que los jefe de departamento este viendo temas de menor categoría.


Nuevamente el subgerente tomó la palabra
  
-          Mira, esta es una empresa – molesto, cómo si no supiera lo que era una empresa – si no hacemos estos trabajos, aun quedándonos hasta tarde, entonces la cerramos y nos vamos para la casa.

Lo jefes lo miraron primero a él, con admiración, y luego a mí, intimidándome.
  
-          Mi empresa no es fundación, ni algo similar, propongo y cobro cada una de las actividades. Si la empresa no contrata mis servicios adicionales, porque tienen gente para cada área.  ¿Por qué después me piden que los auxilie sin costo, como si fuera una emergencia?

No conforme con mi explicación escuche desde el montón:
  
-          Es que es una emergencia

Ya dije. Es hora de poner punto final a la reunión. Así que acoté: 

-          Como sea. No tengo recursos para regalar mi trabajo. Si el dueño no autoriza recursos para capacitar, ni para reparar equipo, instalar una buena red, mantener mecánicamente camionetas, no seré yo quien le regale horas y de paso tener ese auto lujoso con mi dinero. Páguenselo Uds.

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