miércoles, 23 de febrero de 2005

Golpe y fondo

A continuación comenzaré a explorar un tema sin descuidar que mi principal objetivo es no concluir en temas que ya están absolutamente analizados; caer en lugares comunes propios de ideas partidistas y que inevitablemente y dependiendo del prisma que se mire se tendrá una opinión que apoyará o liquidará este ensayo.
En un primer borrador la opinión fue lapidaria. Tuve que cambiar radicalmente la intencionalidad del escrito porque estaba cayendo en una serie de interpretaciones que no estaba dentro del espíritu que desde el comienzo intenté. Mantuve la cordura y el objetivismo pero sin embargo no pude evitar agredir y pasar a llevar una serie de valuarte que se mantienen erguidas y representan el pilar de la institución.
Los militares han sido en la historia, disciplinados, obedientes y principalmente no deliberantes. Salvo ciertas excepciones, que por muchos que algunos historiadores o analistas, sociólogos, antropólogos, digan que están salpicados de pronunciamientos, ruidos de sables, movimientos de tropas, estos sucesos no dejan de ser eso, excepciones, y se ajustan plenamente a la regla por el grado de consecuencia y el llamado al orden que la misma institución aplicó.
El golpe militar del año 1973 no es una excepción, como muchos creen. Ese pronunciamiento se habría llevado a cabo independiente del mando y los hechos puntuales y globales que desencadenaron a tomar la decisión.
Nombraré dos elementos que resumen la totalidad de opiniones que se concentran en defender o culpar alguna teoría. Mirado desde el punto de vista de la izquierda, que en ese momento ostentaba el poder, nunca evaluó en su exacta dimensión lo que significaba mantener un gobierno marxista - leninista coexistiendo con las fuerzas armadas y la derecha tradicional. En esos tiempos no existió ningún tipo de negociación, persuasión, trabajo de inteligencia, infiltración, descabezamiento, propaganda sistemática u otros para neutralizar y mantener en su estado no deliberante a las fuerzas armadas y menos pensar en contemplarla dentro de la revolución. Simplemente no existió nada de eso. Es muy gratuito decir que algunos de esos planes se estaba gestando y finalmente fallaron, aludiendo al montaje Plan Z.
El gobierno de Allende llegó con poder absoluto constitucionalmente establecido de ese entonces. No era el poder de mentira que tienen los gobiernos de la concertación actuales, con un sistema binomial que deja en empate el congreso, con un COSENA vigilante y los poderosos y poderes fácticos siguen llevando los hilos del país. No me refiero a un gobierno en el patio trasero, como los actuales, sino que un poder total, con todos los recursos, información, lealtad, que un gobierno de esa época disponía. El plan Z no existió porque nunca se planifico algo así.
Se ha dicho que sí existió hostigamiento, que hubo infiltrados, pero de ninguna manera es a la altura como para justificar un golpe de estado. Simplemente el gobierno de la unidad popular menospreció a las fuerzas armadas. El gobierno pudo estar preparado para una oposición tenaz, pero las fuerza armadas nunca fue considerada, ni como aliada ni como opositora. Ese error es claramente reconocido por muchos actores que actualmente participan en la vida política y que estuvieron plenamente vigentes en ese entonces. La izquierda siempre se preparó para una guerra civil, enfrentamiento entre civiles, realizada en los barrios, en el campo. De ahí que su preocupación sólo alcanzara hasta la importación de armas, preparar guerrilleros, en un ambiente urbano y bosques madereros, al mejor estilo centro americano. A lo más algunos ingenuos consideraban que al interior de las filas se produciría una división equivalente a los porcentajes electorales, al menos dentro de los uniformados de clase, que es la gran mayoría. El paso de los años nos dice lo ridículo que fue suponer que el gobierno de izquierda de ese entonces contara con altos oficiales simpatizante con su postura, suficiente para neutralizar al otro sector.
Los acontecimientos después del pronunciamiento nos reflejan claramente el grado de cohesión que existe entre los uniformados. Eso la izquierda nunca se lo imaginó, nunca lo pensó, nunca lo estudió. Eso explica el grado de odiosidad que existe hacia los uniformados, no tanto por el golpe mismo, que perfectamente en una guerra abierta habría sido una batalla más, sino que la sorpresa, la magnitud, el poder de nuestros uniformados, que en medio día aplasto a la izquierda . Para ese sector de la población, que lejos de sentirse orgullosos por existir dentro del país una institución uniformada con tal increíble grado de profesionalismo, nació y cultivó una sensación de traición, atribuyendo falta de lealtad de los uniformados y no vacilan en afirmar la tesis que el golpe estuvo totalmente dirigido por la CIA, con el único fin de restar mérito, a como de lugar, a nuestras armas.
Por otro lado y como segundo punto, la derecha y en especial las fuerzas armadas, se refugian en el hecho que fue la población la que los llamó a pronunciarse, que se vieron obligados a actuar. Es como la teoría del verdugo que él sólo aplica lo que lo establecido le obliga, ya sea el estado, el juez u otro organismo superior, eludiendo toda responsabilidad que le pueda tocar, llegando incluso a negar que la ejecución propiamente tal fue cometida por él. Las fuerzas armadas no eluden su responsabilidad en el acto del once de septiembre, pero justifican diciendo que fue la inmensa mayoría de la ciudadanía la que les exigió, como chilenos, una pronunciación. Eso es totalmente falso. Es cierto en lo literal de la afirmación, parte de la población pedía golpe de estado, pero no en el espíritu. Los militares no habrían aceptado ser gobernado por un gobierno marxista leninista. Todo era cuestión de tiempo. Cualquiera que estuviera al mando del ejército tarde o temprano hubiera tomado la misma decisión y el golpe hubiera sido de la misma intensidad. Todos los golpes militares en América Latina son idénticos por la misma razón. Si en el plano de la política ficción nos imaginamos que algún gobierno actual se lanza a una experiencia marxista - leninista de iguales condiciones, no cabe duda que la reacción será exactamente similar, y nuevamente se recurrirá a la excusa que fue la ciudadanía quién pidió la intervención.
Estudiar el sentimiento anticomunista en los uniformados, que los llevó a ser deliberantes y ejecutores de una acción determinante es trivial. No fueron viajes a países socialistas, ni mucho menos estudiar historia lo que logró que al interior de la institución nacieran uniformados con una franca postura anticomunista, sino que fue resultado de la guerra fría existente después de la segunda guerra mundial, principalmente después de las guerras de Corea y Vietnam, que naciera en la lógica occidental y en especial en los países latinoamericanos la idea de formar un consejo de seguridad por sobre el gobierno de turno que permitiera regular la intromisión comunista, principal enemigo en ese escenario. Los uniformados chilenos, guiados por una estructura real existente a lo largo de toda América, cuya sede principal fue la Zona del Canal de Panamá, se capacitaron y posteriormente enseñaron toda una cultura anticomunista y dieron por sentado que el consejo de seguridad, aunque no escrito en la constitución, existe y éste debe pronunciarse cuando la situación lo ameriza. El consejo de seguridad siempre existió.
Ambas posturas están estrechamente ligadas. El gobierno de la UP no consideró a la FFAA en su proyecto, las ignoró, y los uniformados no actuaron llamados por la amplia mayoría de la ciudadanía. Si por alguna razón el porcentaje de partidario de la UP hubiera sido superior al cincuenta por ciento, habrían actuado igual.
Una vez que están despejadas las dos grandes posiciones analizaremos que sucedió después.
Los militares son producto de una clase acomodada pero principalmente austera. Sin embargo, los soldados de clase son de raíces modestas. Si bien es cierto a finales del siglo diecinueve la milicia estaba compuesta por la clase alta de nuestro país, ya a la mitad del siglo veinte su composición era formada por hombres pertenecientes a una clase media tradicional, auténticamente chilena con verdadero sentido de la austeridad. Su sobriedad es a rabiar pasando a llevar incluso a sus propios pares civiles, siendo su disciplina militar la que le da el toque de distinción.
La historia se encargó de elevar al máximo la condición de héroes a los uniformados en general muy por sobre las derrotas que aparecen muy confusas a propósito por nuestros propios historiadores, que por razones que no se discutirán en este análisis, insisten en mantenerse en una posición bastante conservadora para no pasar a llevar un prestigio que, sin discutir que en algunos pasajes los uniformados se lo merecen plenamente, no es posible insistir una condición de invicto.
Este prestigio se mantiene hasta el día de hoy. La institución siempre fue considerada dentro de la civilidad con bastante respeto y admiración, nunca con desapego ni con desprecio, aunque su forma de vida sí fue cuestionada, se entendió que el único requisito de ingreso era tener vocación militar. Si se postulaba y con el tiempo se descubría que la persona no tenía una vocación militar, el solo hecho de estudiar en la escuela militar ya era un privilegio, un orgullo.
Los uniformados sienten la vocación al punto que nunca los intereses personales prevalecen por sobre los de la institución. Siempre formaron un cuerpo coherente sin quiebres que los desprestigie. Este cuerpo de unidad se refleja cuando la tropa se moviliza por el país en forma ordenada y disciplinada, nunca mostrando rebeldías ni deserciones, sino que al contrario, el paso de los años para cada uniformado sólo logra un sentimiento profundo al extremo que, aunque jubilando muy jóvenes, alrededor de los cincuenta años cuando cumplen la totalidad de sus años, no se desintegran y forman segundos cuarteles igual de disciplinado y alegres como los verdaderos.
Este sentimiento de formar cuerpos independientes, muchas veces alejados de las ciudades equipadas con todos los servicios, con sus propias fiestas, celebraciones nunca fue pensando en separarse, en competir, en aplastar a la civilidad. Si hubiera sido así, sus celebraciones serían estrictamente al interior de los cuarteles, pasándose revista entre ellos, y condecorándose en un absoluto hermetismo pero, sin embargo, nos abren sus puertas para disfrutar sus desfiles y reciben a veces severas críticas de personas que no comulgan precisamente con su mentalidad. Además, que todas las actividades existentes en nuestro país, ya sea bomberos, cruz roja, colegios y a veces hasta comunidades religiosas, imitan la estricta jerarquía militar cuando se realizan desfiles, ceremonias, entrega de diplomas o premios.
Así como al interior de una familia típica de clase media chilena existe un uniformado que prestigia la institución, así también un militar lleva en su sentimiento toda una familia civil. No es tan cierto que la familia sea militar sea tal como parece. Nunca los uniformados en la historia de chile sintieron la necesidad de autoproclamarse como familia militar, eso de alguna otra forma habla de una separación, es simplemente falso cualquier hipótesis que lleve a pensar que ellos forman una familia. Todo lo concebido como familia es con el único fin de resguardarse frente a un ataque sistemático de la izquierda herida. Por eso crearon esta nueva institución, más informal que su original, pero más importante en el plano electoral porque multiplica varias veces su número de componente.
Al confundir los temas y mantener una rigidez en la estructura familiar, con esa misma fuerza los llevo a perder el rumbo en cuanto a su condición de uniformados. En primer lugar comenzaron a actuar dentro del concierto político, en circunstancia que sin el ánimo de desconocer que ellos antes son personas, el deliberar no era una práctica común dentro de la institución. Se pasó directamente de la casi indiferencia absoluta, al protagonismo, a la actuación total.
Eso les llevo a ser protagonistas en las más diversas áreas. Ya no solo en labores de gobierno sino que comenzaron a formar parte de la mayoría de los mandos medios existentes en el país. Eso trajo consigo varias dificultades. La principal es que algunos colgaron el uniforme porque les molestaba. Muchas de las carreras que no se dan al interior del ejercito, por no ser consecuente, comenzaron a existir dentro de la institución. Por ejemplo carreras con orientación comercial y especialmente dirigido a administración de empresa. Es cierto que hoy el concepto de dirigir empresa se amplió a todas las áreas, no sólo se asocia a fin de lucros, sino que a cualquier actividad donde se requiera un profesional para dirigir. Pero me voy a la adopción de sus integrantes a la economía de libre mercado. Eso contradice totalmente al principio básico del uniformado. Ellos son funcionarios de gobiernos, asignado a una escala única y ausente totalmente de conceptos como sindicatos, pliego de peticiones, etc. Sin embargo es absurdo pensar que ellos aspiren a algo más que lo que su sueldo les brindará, dentro de las actividades uniformadas, por lo tanto comienza a crearse una serie de conflictos. Ya hay muchos uniformados que estudian una carrera de estas, con el único fin de migrar de la institución, no como excepciones, sino como parte de la actividad. E incluso dentro de los institutos militares existen carreras o áreas que si pertenecen a este mundo de economía de mercado. No se considera contratar un médico como ocurre en la medicina, sino que ya se pretende crear un administrador de empresa al interior de la institución, pero a que costo, al costo que este desee migrar rápidamente porque el objetivo final de su carrera es ganar mas dinero, o al menos pensar que si es mas capas ganará mas, algo que la institución jamas le brindará. Por supuesto que no serán todos, pero más triste es deducir quienes son los que se quedarán, los que no fueron capaces en comparación a los que si lo lograron. Es decir, solo se quedaran al interior de la institución los mediocres.
Pues bien. Los militares inmediatamente después del golpe adoptaron una actitud de economía neoliberal. No porque ellos sean así, sino porque hubo un período que gatillo en ellos y permitió que se introduzca dicha economía en el país. Cuando comenzaron a existir las primeras intenciones para introducir una serie de instituciones propias de la economía neoliberal, como son las Isapres y las Afp, hubo muchas voces, escritas por sus propios ideólogos, que desde el interior del ejército se negaban a aceptar que el país se convierta adoptando semejantes medidas. Consideraban que no era consecuente con la idea de mantener a un país solidario y justo, y que tarde o temprano traería un desprestigio a las fuerzas armadas. No fue suficiente la oposición. Terminaron por integrarse en su totalidad. Desde ahí que nació el concepto de llevar una vida acorde a la economía neoliberal.
Que significa. Al mundo civil no es tan extraño. Pero si es extraño que eso ocurriera con los uniformados. Nacieron lo nuevos ricos. Hoy en día hay uniformados en retiro que poseen varias veces la cantidad de bienes que podrían haber logrados aun manteniendo una vida bastante austera, algo ridículo, porque la vida de un uniformado es austera. Ahí me encuentro con la primera contradicción. No es austera. Hoy en día un militar es igual de arribista que el mejor de los civiles.
Al ocupar diversos puesto en diferentes empresas mientras duró el gobierno militar, se transformó en un lugar común que un militar continúe ejerciendo actividades lucrativas después de jubilado. Existen universidades, colegios, transporte, dirigidos por uniformados.
Que es lo raro en lo que estoy diciendo.
Los militares siempre tuvieron un paralelo en su disciplina aunque con fines muy distintos: El sacerdocio. La jerarquía que existe dentro de los templos es similar a los cuarteles. Los sacerdotes por su cultura siempre estuvieron dedicados a varias actividades que va más allá de los fines de la iglesia. De partida son muchos más organizados y disciplinado que los militares. Ellos tienen un único líder e incluso un país. Los militares ni siquiera se agrupan un una misma fuerza armada, que sería lo lógico.
Ambos son sacrificados, son de vida difícil, los sacerdotes con su renuncia a los placeres mundanos y a la rigidez del celibato, y los uniformados a estar siempre moviéndose por el país, viviendo en lugares bastante inhóspitos. Los sacerdotes también crean empresas y bastante complicadas. El vaticano es una, los cardenales, los obispos y toda una jerarquía, mantener esa institución es un peso bastante grande. Dirigen una gran cantidad de colegios y universidades, con toda gama de actividades, empresas tradicionales como imprentas, casinos, cementerios, etc, que permite un lucro que no es mal visto, también les ha tocado una serie de actividades que según las circunstancias de cada país lo ha llevado, guerra, enfermedades, plagas, catástrofes. En chile el padre Hurtado es uno de ellos, caritas, y las vicarías, en especial la de solidaridad.
Los militares también. Con el gobierno militar también ocuparon actividades y dirigieron empresas exitosas. Pero hay una gran diferencia. Los militares perdieron el control y siguieron luego con un enriquecimiento personal. La prueba está que son muchos los sacerdotes que formaron y dirigieron empresas, de todo tipo, comerciales, humanas, solidarias, etc, pero después que jubilan, no continúan en esa actividad. No está en ellos dedicarse a empresas lucrativas. Comparemos. Cuantos militares ocupan cargos en universidades o empresas con fríos fines de lucros, muchos. Y cuantos sacerdotes ocupan el directorio de una empresa. Ninguno.
Los militares no les molestan que les llamen asesinos. Tienen clara coartadas para eludir el cargo tan siniestro que se les imputa. Pero como se sacan de encima que ellos olvidaron su labor social que estaban acostumbrados a realizar. Frente a terremotos, inundaciones, acciones cívicas, siempre estuvieron ahí, junto al pueblo, y claro, si eran del pueblo. Hoy no.

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