sábado, 23 de febrero de 2019

Juez Madrid


Madrid. No la capital de España. Sino el juez del fallo Frei. La polvareda que se levantó por el contundente fallo de ochocientas y tantas páginas.
 Cuando se condena a un proleta sea por un robo de gallina, dinero o una herramienta la policía procede con las averiguaciones necesarias y si las pruebas son circunstanciales, por ejemplo, el peón ese día no fue a trabajar, o encontraron plumas en la cocina, son pruebas suficientes para inculparlo. O en el otro caso, si aparece con ropa nueva o arregló su tractor, se supone, si no prueba ingresos por otro lado, que con el dinero robado adquirió la ropa o compró los repuestos (así opera SII). O sea, en buen chileno, se deduce. Ni siquiera hay que preguntarle al inculpado. Las pruebas son suficientes. Si ese día no fue a trabajar entonces andaba robando la gallina, más si encontraron plumas en  la cocina. Sin testigos, fotos, grabación, nada. Se deduce. Y en la justicia se aplica lo que se llama presunción. Se presume. Si el proleta hubiera tenido un buen abogado, se salva, porque si no fue a trabajar, no necesariamente fue a robar gallinas, o las plumas encontradas pueden tener cualquier origen.
El juez Madrid inicia su argumento suponiendo que el gobierno de Pinochet es un régimen asesino. Letelier, Prat, y varios otros más, fueron asesinados. Entonces ¿Por qué el caso Frei tenía que ser distinto? Se sentó el juez en su escritorio y antes de escribir la primera frase el caso lo tenía resuelto, ya había fallado. Fue primero el fallo y después la investigación.
Recuerdo cuando Frei se internó en la clínica. Tenía 24 años, recién trabajando estable donde ninguno de mis compañeros de trabajo dijo nada. Ya se sabía el caso de Neruda, pero ni en broma se comentó su asesinato. Para la operación de Frei no había nada extraño que pensar ya que era una intervención quirúrgica casi ambulatoria. Lo dieron de alta, pero a las dos semanas regresó a la clínica por complicaciones e infección. Ahí sí. Comenzaron las apuestas y las especulaciones. De esta no sale vivo era el secreto a voces. Además estaba fresquito el Caupolicanazo. Después que falleció nadie dijo nada con respecto a quien fue y cómo fue. 
El caso Letelier fue un poco emblemático, porque cuando ya se comenzó a hablar de llevar al caso a la justicia a Contreras, se especulaba que ninguna condena de tamaña característica iba a ocurrir. Jamás.
Bush padre era jefe de la CIA en ese tiempo. Se iniciaron las averiguaciones del primer atentado extranjero en suelo americano, y más grave aún, con un muerto estadounidense, la secretaria de Letelier. Los fiscales americanos que trabajaron en el caso escribieron libros, con documentación detallada. Fechas, viajes, los cubanos con sus idas y vueltas desde México, itinerario, entrada y salida de agentes chilenos, todos ellos con documentación falsa. Pasando por Paraguay, Uruguay, etc. Pidieron la extradición a Conteras, pero fue negada por no existir pruebas. El haber encontrado plumas en el escritorio de Contreras no era prueba para demostrar que se había comido la gallina. Como ocurría para la mayoría de los proletas chilenos. 
Pero los jueces chilenos, que estaban enojados porque les habían enrostrado que les faltó coraje para afrontar a la dictadura decidieron encontrar una hebra para poder desenrollar la madeja. No había nada que averiguar si los fiscales americanos ya tenían todo resuelto, Pero para la justicia chilena "las plumas" encontradas no era suficiente. Hubo varios intentos de iniciar querellas, pero nada. Hasta que abrieron el caso pasaportes. Por ahí siguieron la hebra. Con el asombro de todos los chilenos el caso avanzó, hubo condena, pasó a la corte de apelaciones y posteriormente a la suprema. Condenado. 
Pero hasta el día de hoy sus partidarios alegan que fue condenado por presunción. Sin pruebas.
Con el caso Frei lo mismo. Presunción. 

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