viernes, 1 de agosto de 2014

No queda nada

Ves. O si no lo ves como te lo hago ver. Me dices cosas que no son ciertas. Y cuando te propongo algo se disuelve.
Pero me imagino que no tienes el hábito de estar frente al computador todo el día. Y por supuesto no lo tenga. Es feo que dediques tiempo a algo tan espectral como la pantalla de un computador.
La práctica hace que te encadenes, pero no lo practiques. Estas idas al campo te permite pasear y olvidar que existen ciertos artefactos poco encantadores.
Y que haces ahora. Dictas clases. A esos niños endemoniados que valoran lo que nosotros los viejos ya no lo hacemos. Solo desearíamos ser nuevamente jóvenes, cómo ellos.
¿Pero te das cuenta que son frágiles?. Hacen cosas que casi siempre se rompen. De relaciones cortas y fugaces. Dos años para ellos son doce para nosotros.
Los miro de lejos cuando voy en el metro o me detengo sentándome en un banco a contemplarlos, pero no, a esa edad yo hacía puras leseras.
Y es probable que si tuviera la posibilidad de volver a ser joven, haría de nuevo las mismas tonteras.
Que gano, entonces, nada.
Después que me retiré de la universidad, a los veinticinco, ingresé a los diecinueve, me dediqué de lleno a trabajar y perdí todos los contactos relacionados con la universidad.
Nunca mas tuve contactos relacionados con la universidad. Solo me encontré esporádicamente con algunos compañeros.Nunca volví a cruzar el perímetro del campus.
Cada cierto tiempo me entraba el bicho de querer estudiar de nuevo. De estudiar y estudiar y no parar mas. Acercarme a una labor, quizás docente, para estar cerca de la Universidad.
Pero tengo un problema de foco. Que me olvidaba por completo de esa iniciativa quedando en blanco. Eso pasaba porque me hice adicto a usar bitácoras o a escribir diarios.
Siempre describiendo el pasado y raramente el futuro. Si hubiera sido a la inversa se me habría cruzado la idea de estudiar y no habría pararía hasta lograrlo, pero no, me diluía.
Y eso pasaba con todos mis menesteres. Sean domésticos, de trabajo o de cualquier índole.
También se incluyen trabajos, prospectos de trabajos, proyectos, planes,
Cada cierto tiempo hago un recuento de la cantidad de contactos que dejé de lado y me da pánico pensar que no hubo ninguna razón de peso para nunca mas al menos llamarlos.
Pero también son incontables las personas nuevas que voy conociendo. Eso compensa esa falla. Es lo positivo de ser independiente y manejar los tiempos.
Es casi lo único bueno pero si que es gratificante. Afortunadamente como lo escribo, después lo recuerdo y algo queda.
La otra razón que me bajaba el ánimo para volver a estudiar, es cuando un amigo o amiga estudiaba ya adulto.
Era patético ver como nuevamente hacía las mismas cosas que los otros estudiantes veinteañeros. Salía a tomar shop hasta emborracharse.
No se perdía los carretes. Terminaba hablando como ellos. Incluso hacía la cimarra junto con todos los compañeros. Se supone que cuando uno es adulto lo que menos quiere es perder el tiempo.
Si voy a estudiar es ojalá sacar en dos años una carrera de tres años. Y no salir a carretear y estar tumbado en el pasto,
Y yo no quería eso. y la sola idea de pensar en volver, era fácil, inscribirse y listo, me daba miedo terminar conversando en el casino con jovencitas, jugando pool con los compañeros,
Hacer grupo de trabajos con otros jóvenes me daba pánico. Y como quería estudiar carreras como sociología, periodismo, sabía que varias veces tendría que hacer esos talleres.
Después aparecieron esos PET, o algo así, plan para estudiantes trabajadores o a la inversa, pero aun así conocí a ciertos personajes que se inscribieron y se la farreaban.
Culpaban al exceso de trabajo y abortaban.
Encontraba la vía del autodidacta para capacitarme. Pero no es lo mismo. Se pierda la relación con los que tienen el mismo objetivo.
Bueno, te dejo, voy a acostarme.
Mañana sigo.

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