Me encuentro sin estufa, la apagué hace media hora, y
comienzo a sentir el frío que se mete por los huesos.
Termina un día nada de
especial pero me hace falta escribir algo. Por eso apagué la calefacción para zafarme
esa protección artificial y sentirme tal cual. Con un chal sobre mis piernas, una
chaqueta de buzo que encapucha mi cabeza, con los audífonos conectados al computador y
escuchando a los prisioneros grabados en el estadio nacional, escribo estas
últimas palabras para terminar el día con esa satisfacción de haber cumplido.
Un tecito sobre el escritorio completa el cuadro y las galletas de soda con
margarina me regalan sueño que hasta el momento es esquivo. Se viene ya
septiembre, un mes patrio que incluye mi cumpleaños. Este mes lo siento mío y
me regalo muchas horas para compartirlas solo conmigo. Es cuando camino
pensando en lo que fue y en lo que pudo ser. Es cuando escribo lo que nadie
debe leer, solo yo. Será que el viento que asoma en septiembre, que algunos lo
aprovechan para encumbrar volantines, me infla los pulmones dándome un poco de
esa energía vital encontrando que los días se alargan que es lo que a mí me
gusta. Sentir el sol, ese sol caliente como fue hace unos días, sobre treinta
grados, encontrando que los bluyines me sientan mejor en primavera y la panza
se me infla porque comienzo a celebrar partiendo desde el mismo estomago embutiendo
comida hasta no dar más. El día de mi cumpleaños salgo como si el mundo me
esperara y camino por las principales calles que he recorrido estas últimas décadas
regalándome el paisaje. Visito amigos pero no les digo que ese día es mi
cumpleaños, simplemente lo disfruto para callado. Les extraigo sus principales
secretos y funciona. Principalmente con las damas. Ese día no trabajo y me
compro mi perfume preferido y un libro. Quedan pocos cumpleaños por celebrar. Pero
tampoco fueron muchos. Son los justos. Pero es mi día y me lo regalo. Así que
espero pacientemente, porque he aprendido a esperar sin apresurar nada, el día
llegará de todas maneras como llegaron muchísimos días que no esperaba, que no
deseaba, lo contrario a mi día de cumpleaños, que si lo esperaba. De ahí que
encuentro que días de cumpleaños son pocos. Y muchos los días marchitos. Eso
días oscuros, que nada resulta, que le debo a todo el mundo. Entonces mi regalo
es despertar y olvidar las deudas y los compromisos formales.
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