Mi perro cojea. En las noches caminando alrededor de mi cuadra, me sigue lento, se queda atrás.
Me entristece porque siento que es injusto que él se vaya primero. Lo veré envejecer y partir.
Me mira pacientemente, como mira el viejo a sus nietos.
Cuando duerme ya no vigila. Lo hace profundamente. Y ronca.
Quizás el dolor de su pata, los años a cuesta lo cansa.
Engorda a veces y baja de peso las otras.
Llora seguido.
Oportunamente me exige que lo pasee.
Ahora sabe que no a las once de la noche, como era antes, sino que a las nueve, cuando siente que empiezan las noticias en el televisor.
En cambio yo estoy lúcido y vigente.
Ahora que el sol alumbra con más fuerza camino por mis calles saludando a viejas vecinas. Mi perro es el gancho.
Bonito él, buen mozo yo, Supongo que eso dirán.
Quizás mi alegría sea porque se acerca mi mal venido cumpleaños. Ya no lo espero como antes. Me recuerda que ya estoy viejo.
Me preocupa dejar cosas sin hacer. Cuentos sin escribir.
Vigente porque aparecieron unos personajes, de la década de los 2000, que ya están jubilados, que ahora formaron empresas y me buscan para que desarrollemos cosas en conjunto.
Como su planta está en La Pintana, una hermosa parcela, de antiguas parcelas de agrado, con jardines y piscina, me ofrece un sueldo y que trabajemos juntos.
Qué me importa que me llame el otrora Gerente General de la Isapre ConSalud, que por ahí por el 2005 le desarrollé un programa, ahora con su gran empresa para que les desarrolle y les dirija su producción.
Y amigos de antes, que fueron de conversación fácil, amena, que me llaman ahora para que me incorpore a su empresa para convertirla en consultora de alta tecnología.
Antes, cuando yo les ofrecía eso mismo, no me creían.
Ahora yo no quiero nada de eso. Quizás el confinamiento le dio tiempo para evaluar. Extraño ¿verdad?.
He vuelto a leer autores de verdad, me inscribí en un taller, por internet y me sugieren libros, luego me exigen comentarlos.
Si antes, digamos cinco meses estuve mal del colon y baje de peso. Ese triángulo de las bermudas, colón, próstata y vejiga.
Ahora me siento bien. Con pequeños síntomas pero nada terrible.
Volví a mis antiguas andanzas de comer empanadas. De pino y queso. Champiñones y camarones.
Fritas y al horno.
Ensaladas de repollos, con limón , otras con vinagre, tomate con cebolla.
Cazuelas, huesos con médulas.
Lo digo porque ya para esos platos pensé que los había sepultado.
Y además. lo que más añoraba, esos vasos de Pepsi burbujeante, que me acompañaban en esas tardes y noches noctámbulas.
Por ahora en las noches no todavía, pero serán cada vez más calurosas y seré nuevamente el mismo..
El mismo de siempre.
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