Álvaro era de hablar claro, sumado a eso un manejo en su voz cuando se trataba de aclarar alguna aspereza. Y multiplicado ligeros pasajes de buen humor en sus conversaciones cotidianas.
Cualquiera que mantuviera una relación larga se percataba que su memoria era infinita, muy difícil de evaluar. En cada campo de los conocimientos quien se atrevía a desafiarlo se encontraba con esa sorpresa que todo lo sabía. La obra, su autor, su nacionalidad, época, adversarios, y así. Las noticias del día y los grandes políticos, los aniversarios, los clásicos deportivos, jugadores, pormenores.A su
trabajo llegaba primero que todos no menos de quince minutos antes. Se jactaba
que encendía los computadores de los escritorios colindantes, cuando aún las
oficinas estaban vacías. Sus trabajos semanales asignados los entregaba un día
antes de la fecha calendarizada. Para los compromisos mensuales ni hablar. Es
como si ya los tuviera hecho de siempre.
Cualquier
reunión que se programase en la mañana para la tarde, incluyendo las invitaciones
a almorzar, simplemente mi amigo no aparecía. Cuando lo encaraban pidiéndole explicaciones
por su ausencia en algunos casos e impuntualidad en otras, el graciosamente
respondía que la mañana era la mañana y la tarde la tarde. ¿Quién se atrevía a
agendar compromisos en la tarde, si aún la mañana era incierta? Exclamaba.
Cuando la
discusión pasaba a mayores sacaba su carta de la manga diciendo que él llegaba
muy temprano en la mañana, antes que todos, dejando fuera de combate a
cualquiera que se atrevía a encararlo.
EL gozaba
de la confianza absoluta de la gerencia. Sus informes presupuestarios y de
cobranzas eran claros y oportunos. Ahí no había nada que decir mas si saltaba a la vista ser
una persona muy culta e informada.
Hubo un
tiempo que yo almorzaba a diario con él. El disponía de una hora para almorzar, tiempo que cumplía con rigurosidad pero a veces aparecía a las 12 y otras veces a las 16 horas. Nos programábamos por celular, incluso me daba aviso que salía de su oficina para que yo lo espere en el lugar de siempre.
No fueron pocas las veces que nunca apareció.
En nuestros
almuerzos narraba sus diálogos ásperos con sus jefes inmediatos que lo
interpelaban por sus constantes atrasos o incumplimientos, donde insistía que los dejaba sin
habla al responder que él llegaba muy temprano por la mañana, antes que todos.
En esos tiempos éramos compradores compulsivo de los CD piratas que vendían en las cunetas. Sabíamos de precios, de música, de software.
Un día a
nuestra reunión para el paseo acostumbrado llegó indignado porque le vendieron
un CD vacío, y que iba a encarar a los vendedores ambulantes, alegando devolución
del dinero o sino los denunciaría a carabineros. Fui incapaz de detenerlo. Que horror.
Al día siguiente narró su mala ocurrencia.
-
Desgraciados,
me subieron y me bajaron a garabatos, infelices.
A lo que yo
agregué para calmarlo un poco….
- Ahí no te sirvió mucho decirle que llegabas muy temprano.......
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