domingo, 30 de octubre de 2005

Urbanidad

Santiago vive un compás de armonía. Tiene un ritmo. A pesar de ser todavía tercermundista, nos creemos, son sentimos y nos queremos.
No tenemos odios raciales ni sociales. Respetamos nuestros viejos, nuestras costumbres (algunas) y tradiciones. Pedimos permiso y damos las
gracias cuando corresponde. Si entramos a un local a comprar, sea de barrio o céntrico no entramos con la sensación que nos van a cagar ni que nos van vender cuchufleta, si no que al contrario, creemos en el dependiente y pagamos con tranquilidad y rara vez nos equivocamos en pagar o en el vuelto. A veces ni siquiera lo contamos. Si vamos a un Restaurante lo mismo. Los garzones se pelean por nosotros y nos tratan bien. Si tenemos que cambiar algo, generalmente resulta, zapatos, ropa, domésticos. Sea en Estación Central, Centro, Providencia, Mapocho, todo funciona con armonía y con gentileza. Sin embargo, los únicos que rompen esta norma son los micreros. Es el único gremio que se distingue pos sus insolencias, su falta de respeto con las personas, con los escolares cuando piden el carné y además los cuestionan, los insultan. Los atropellos, las carreras, la brutalidad en manejar, todo es un asco. Además lo que los rodea tiende a corromperse. Los sapos, vendedores ambulantes, los mendigos, los reos habilitados, que gozan de la autorización y simpatía de los micreros, también son temidos. No son confiables. Y pagan el pato también algunas pegas un poco mas lejanas pero también relacionadas. Los mecánicos, los bomberos (bombas de bencina), los talleres mecánicos que los atienden. Todos confiamos en la librería de la esquina, pero del mecánico o del taller de la otra cuadra, dios nos pille confesado.
La gran oportunidad se está dando. El TransSantiago es una revolución. Es un cambio. Es la oportunidad de sacar a la totalidad de los micreros maleducados con menos de cuarto medio y marginarlos del sistema. Sin contemplación. Que se dediquen a otra cosa. Nada justifica que palabreen a nuestros niños, a nuestros jóvenes, a las viejas que piden que maneje con calma. A mis hijos, así como les doy permiso para ir a comprar, o a un cine, sin el miedo que los vayan a cagar, quiero darle permiso para que vayan solo a un lugar donde tengan que subirse a una micro. (Ahora ni lo piensan). Tenemos la oportunidad de utilizar algo que está de acuerdo con nuestra forma de vida, transporte de lujo, como nuestras casa, nuestros lugar de trabajo, “limpios y ordenados”. No ser cómplice de delincuentes. Me he dado cuenta que algunos sectores alegan, lo encuentran pésimo. Suben por atrás sin pagar y critican lo lento. Apoyan al vendedor ambulante. Si no lo cuidamos, lo van a reventar. Incluso algunos lo asocian al gobierno de Lagos, por eso lo cuestionan. Hasta el Mercurio lo cuestiona. Yo trabajo en pleno centro y viajo a todas partes en micro. Sé de que hablo. Desde ahora me subo sólo a micros de TransSantiago. Ese es mi apoyo. Un amigo me argumentó que piense en la cesantía, y le respondí que yo quiero ser médico, y el sistema no me deja por que no tengo estudio ni menos título de médico. No me dedico entonces. Así de simple: pastelero a tus pasteles. “Quién dijo que los micreros se merecen ese trabajo”.
Los micreros que se salvan tienen cabida en el TranSantiago.

1 comentario:

  1. Absolutamente de acuerdo contigo.
    En mi blog manifesté mi pena y alegría por el Plan Transantiago. (http://visitablogs.blogspot.com/2005/09/pena-con-mucha-alegria.html)
    Saludos

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