La corrupción tiene varios niveles. La tipificadas como delito son ocupar el auto de la empresa, subarrendar la casa que le asignan o contratar a los amigos o familiares.
Por la naturaleza de mi trabajo vivo la corrupción cotidiana. En la empresa privada la corrupción tiene otro nombre. Mis contactos me contratan saltándose la etapa de cotizar, debieran presentar a gerencia al menos tres alternativas y yo me gano el proyecto sin postular. Al estilo gringo, decimos, con una cara de mapuche insostenible. Como los proyectos no solo es el tema técnico que sin lugar a duda domino muy bien, esta cargados de temas de otros profesionales. Para ellos ocupo los recursos que la misma empresa me ofrece. Asesores de todo tipo. Al abogado de la empresa le puedo hacer consultas de leyes o al contador de tributaria. Ellos mismos, sea los ingenieros o técnicos revisan mis informes antes de presentar el ya definitivo. Lo discuten, lo corrigen, me sugieren ideas y gano plata con eso. O si no tendría que pagar a profesionales externos. Aun así, si hay que contratar gente, un experto en algo, es la empresa la que paga y no corro riesgo. Uso sus oficinas, computadores y fotocopiadoras y para que decir las cosas mundanas, almuerzos, asisto a los cumpleaños, los paseos, etc. Cuanto plata me ahorro y todo por un contrato de amigos.
Pero las empresa lo tienen contemplado. No solo el contrato de amigos sino que muchos otros gastos. En las empresas chicas los empleados compran café, azúcar, te, papel higiénico, lava lozas pero se sabe que se llevan el café, las bolsas de azúcar. A veces realizan un trámite y piden el desembolso del taxi, pero fueron en micro. Compran una caja de cuadernos y de pronto faltan algunos. Sacan fotocopias a las tareas de los niños, algún compromiso personal, Etc. Los dueños se hacen los lesos porque saben que les pagan poco. Les sale mas barato dejarse robar, robos pequeños, pero el personal queda contento. Incluso le inventan horas extras, mas felices todavía.
En las empresas grandes y para que decir en las empresas fiscales, el asunto es grotesco. El café se compra por docenas de tarros, pasta de zapatos, limpia muebles, lámparas, cuadros, ampolletas, enchufes, el baño completo, cuadernos por paquetes, todos finos y para que nombrar todos los artículos de escritorio. Pero la mitad de esas cosas se van para las casas. En el mes de marzo el pedido de útiles se triplica porque están incluidos los de los hijos respectivos. Celebran los cumpleaños en horas hábiles. ¿Les ha pasado que llaman a una oficina fiscal y no contesta nadie? Están en fiesta. En los casinos sacan dos panes del almuerzo y uno se lo llevan para la casa.
Las licencias, los cursos de capacitación a la orden del día, pero son puras vacaciones disfrazadas, viven estresados. Usan la Internet para bajar música, están con el msn conectado chateando todo el día. Cada escritorio con impresora, pero para imprimir las carátulas de los CD de música que ellos mismos bajan. Los de mas jerarquía por la empresa usan taxi para cualquier cosa, almuerzan en buenos restaurantes y piden suculentos platos, pero a la casa se van colgando en micro y por lo que cuenta en sus casas almuerzan puras porquerías. Pero nadie pone punto final porque ganan poco. No renuncian a estas empresas porque lo poco que ganan se compensan con esa cuenta abierta que mantienen, algunos callado y otros no tanto. Y nos admiramos del robo hormiga.
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