domingo, 6 de noviembre de 2005

Libertad de elegir

La democracia que estamos viviendo en estos tiempo no es tal. Es mal educada y rasca. Simplemente la gente no tiene idea lo que es democracia.
El gobierno de Pinochet nos enseñó que todo lo que venga de civiles es mediocre. Como el mundo civil no tiene grado, mejor dicho no tiene jinetas que lucir, no se distinguen las jerarquías. Hay gente que piensa que pararse en la calle a insultar a nuestras autoridades es democracia, y cuando la toman presa por desórdenes, invocan que tienen el derecho porque estamos “en democracia”. Eso no es democracia. Eso es un recurso cuando las autoridades, que nosotros mismos elegimos, están actuando equivocadamente. Si elegimos un presidente de padres, de curso o de deportes o de cualquier índole, hay que callarse cuando éste habla, se le escucha, por algo lo elegimos y, cuando tengamos algo que decir, pedimos la palabra y sólo hablamos cuando él nos autoriza, o pedimos a su secretario que nos reciba, en los horarios y la forma que él dispone. No es sano ponerse a gritar como loco, ni tratar de agredirlo, ni cobardemente hacer pelotera porque en grupo la cosa resulta. En ese caso es lícito llamar a los guardias y para afuera. Eso es democracia. No cuando los agresores mal educados gritan que tienen derecho. Eso no es democracia. Son pobres ciudadanos que no tienen idea. Sino infórmense de los tipo que boicotearon el discurso del presidente desde un balcón en Valdivia, apelaban a la democracia para sentirse eximido de culpa.
El presidente, de cualquier institución, es la primera autoridad. Debe gozar de todo el respeto. Si lo hace mal, a la próxima elección se elige a otro, así de simple.
En cambio los herederos de Pinochet , los civiles que besan sus botas y sacan brillo a sus jinetas, y todo el contingente de gente inculta que comulga el autoritarismo, aun cuando las autoridades salgan elegidas con mayoría, los insultan y los desprecian. Eso no es democracia.
Cuando ya no gobierne la concertación las nuevas autoridades van a sufrir el odio y la violencia que se originó por una democracia mal entendida y que ellos mismos cultivaron.

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