martes, 22 de noviembre de 2005

Metrópolis

Los que conocemos las grandes ciudades del mundo, sea buenos aires, paris, vivimos tranquilos en santiago como cual provincia. Pero hay algunos que creen que santiago es una gran metropolis. (Si po, tiene metro). 

Los cantantes por ejemplo se trenzan entre ellos y apenas hay un par de pelagatos que figuran en el concierto internacional. Lo mismo los futbolistas, las modelos. En fin. Toda la farándula pendiente de un par de pelagatos. Lo que a pasar es que vamos a dar vuelta la página y van a desaparecer. Ya pasó con los políticos. Santiago no es una ciudad grande. Si te mueves en el centro caminas tres cuadras a cualquier lado y te caes. Terminas en calles antiguas, medias peligrosas incluso con conventillos. Lo mismo pasa en los leones, estación central. gran avenida. Tres cuadras y se acaba la metrópolis. ¿Cuál es la gran ciudad? Si quieres zapatos, media cuadra para vitrinear y se acabó, si quieres artefactos eléctricos lo mismo, libros, ropa, además que si compras a crédito terminas siempre donde mismo. Compañeros de cursos, ex pololas, compañeros de universidad, de trabajo, siempre te lo encuentras, te cruzas. Pasan los años, y de nuevo te lo cruzas. Personas que decidiste no ver mas, ahi están. Si te arrancas de la pega para realizar algo solo, en la calle menos pensada, ahi está, la mina gorda que trabaja en tú oficina. Obligado hacerle señas, Hola. No hay caso. Te cruzas con las minas que te sirven café. Ha pasado que algunos van con la señora al centro y se cruzan con la negrita peruana, tremenda mina pechugona, con tremendos trutos, labios carnosos, que atiende el café donde él va, y la tipa -hola, chico, como estás - y la señora no entiende que santiago es chico. La niñas o las jovenes treintones no conversan con cualquiera en la calle, salvo que sea un gran amigo(a), porque inevitablemente alguien lo va a ver y le va a cargar un amante. Siempre alguién te ve. Un amigo que se convenció que la solución es pagar por sexo, porque no tiene que cargar con las consecuencias, después que la eligió, le gusto y se metió con ella unas cuantas veces, se ha encontrado con ella en tres ocaciones en el centro. A boca de jarro, ella lo saluda de beso y todo eso. Ahora él anda cagado de miedo porque de repente se va a encontrar con esta mina, y una de esas veces no va estar bien, y le va a pedir plata o si no se lo va a cagar como pasó con un amigo en común.
En las verdaderas ciudades grandes las personas hacen lo que quieren porque saben que nadie los va a ver. En santiago andan todos compuestitos, con mirada seria, porque saben que alguien conocido lo está mirando. Y creemos que nuestra ciudad es grande. Si po, si tiene metro.

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