sábado, 29 de abril de 2006

Viaje placentero

Por esas cosas del azar de sentó a mi lado. La divisé desde el pasillo y vestía de negro. Alta y delgada. ¿Apenas veintidós años? Puede ser. Mentalmente le saqué la foto y seguí mirando por la ventana hacia la calle. No me gusta quedar mirando a las niñas e incomodarlas.

De todas maneras el paisaje hacia el exterior era igual de interesante. Refugiado en el interior de la micro me permitía mirar disimuladamente los traseros. Íbamos por la alameda cruzando el barrio republica, era atardecer y como siempre la cantidad de estudiantes, algunas ligeras de ropa y contoneándose mientras circulaban de un lado a otro por la vereda y calles interiores, recreaban el paisaje. Pasó de largo por el pasillo pero después se devolvió. Se sentó a mi lado. Recogí la chaqueta como señal que le preparo el asiento y ella levantó su cachetito esperando que lo recoja. Nos acomodamos mientras yo continuaba mirando por la ventana. Después de varias cuadras, entre que sonó su celular, lo buscó en el bolso, habló, volvió a sonar, habló, decidí continuar con mi lectura. Tomé el libro de turno y comencé a leerlo. Como la vista ya no me acompaña mucho apoyé el libro a la altura de la rodilla para enfocar mejor. Pasada algunas cuadras noté que mi jovial compañera de asiento también enfocaba su vista hacia el libro y se concentraba en cada página que iba leyendo. La letra era chica así que se iba cargando sobre mi hombro y de a poco metía su cara a la altura de mi pecho. El libro era la historia del tiempo y el capítulo relataba los movimientos en spin tanto de la tierra como de los electrones y al parecer ese tema la cautivó. Ya, ¿Puedo dar vuelta la hoja? No espere. Dijo riéndose. Ya, ahora si. Como se dio cuenta que no podíamos seguir así, ella cargándose en mí como si nos conociésemos de siempre, sacó de su mochila un cuaderno, un lápiz y anotó el título. ¿Te interesa el tema? La pude mirar de frente por largo tiempo y recordé mis tiempo de universitario cuando abordaba a una niña y sólo intercambia temas de interés universitario. No se conversaba de otra cosa que no sea cambiar el mundo, como si fuéramos los dueños. Me habló de su padre, arquitecto y que su tema favorito era hablar del espacio y principalmente de los spin. Tanto fue su pasión por la física que se enfermó de cáncer al estómago. Ahora está en Venezuela tratándose. “Es que a los genios le queda chico el cuerpo y se resiente”. El cerebro es más potente. Me dijo. Uf. Que comentario. Di vuelta el libro y en la contratapa estaba la foto del autor, ya hemipléjico y postrado en su silla. Ves. Le pasó lo mismo. Su cuerpo no lo resistió. Me habló muy segura de si misma. Me dio mas detalle de la enfermedad, sin entender mucho. Quiere que estudie arquitectura, pero a mi me atrae las ciencias sociales. Y continuó hablando que tenía serias dudas que la historia sea verdadera. Los griegos, los romanos, nos tragamos el cuento. Tienes razón, le dije, es como la historia de chile, escrita por puros historiadores de derecha ultra conservadores que siempre describen un pueblo victorioso, ejército triunfador y economías solidarias. Pero no todos, me dijo, hay algunos bastantes objetivos en su particular forma de ver la historia. Cambié el tema. ¿Y, conoces Venezuela? Vengo de allá. Estuve un mes y quedé maravillada. La belleza de la mujer, semí sudada y musculosa, deportista, con un cuerpo de miedo. Pero ellos no se dan cuenta. Nosotros somos los que nos quedamos estupefactos. Si, yo estuve un tiempo en centro América y la mezcla de color es impresionante. ¿Y te gustaron las mujeres? peguntó. Era que no. Quedé maravillado. Además como bailan la salsa. Si, y me gustó lo que está pasando con Chávez, el pueblo es ignorante y como se organizan en pequeñas comunidades solidarias para ejercer un trabajo en común. Si, algo parecido al Gobierno de Allende. Dije. Que locura, le estaba hablando de un gobierno de hace más de treinta años. Igual. Me dijo, con la misma alegría. Entonces si es igual lo van a derrocar, opiné. Si. Los mismos militares lo van a botar. ¿Dónde estás estudiando? En la Chile. ¿Vives sola? No con unos amigos. Dos amigos. ¿Y porque no te vas a Venezuela? No porque acá esta mi mamá. Esta media enferma y tengo que visitarla cada cierto tiempo. Tengo pensado ir de nuevo, pero ya estoy cansada. He viajado mucho. Yo nací en Lisboa, sabes. Hasta los 8 años. Luego me vine a chile. Y conozco Perú, Bolivia, Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela, Colombia, …. La mayoría de las veces en bus. Es más emocionante. Pero muy agotador. Ahora ya viajo en avión, junto un poco de plata y prefiero, es más rápido. En Venezuela estuve un mes. Necesito conocerlo más. Estar metido en el barrio. HA, además conozco, Marrueco, Argelia. ¿En serio? ¿Y, que tal? Esos países si que son distintos. La ropa, los colores, la artesanía. Todo es un arte pero sofisticado. Y la mujer, es un verdadero misterio. De una belleza infinita. Super coquetas. ¿Cómo? Si están con esas túnicas, tapadas hasta los ojos. Por lo mismo. Aflora la coquetería. Todo es más relativo. Ellas se casan sin ni siquiera dar un beso. Asistí a varias despedidas de solteras. Se juntan y le enseñan a dar besos, a consentir, porque de de eso se trata. Ha, me bajo, chao. Chao.

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