domingo, 22 de abril de 2018

Que diablos.....


Salía del edificio convencido que el negocio con la oficina contable del piso 18 no resultaría. El sistema si convencía pero entre los socios colgaban cuentas pendientes y se la cobraban mutuamente con exceso de celos en sus decisiones.
Uno era partidario de adquirir el módulo de cobranza, que era muy apto para el control de su gestión, pero el otro socio argumentaba que era pura pirotecnia, sin dar argumentos. A la inversa. Este último era partidario de adquirir el sistema personal, para calcular y liquidar los sueldos, pero el primero, el que era partidario del sistema de cobranza, no estaba de acuerdo porque la foto la almacenaba en blanco y negro.

Acostumbrado al perfil de estos personajes,  les dejé una demo y si se deciden les mando la activación por mail con el firme propósito de no verlos más.

Bajé ya atardeciendo, era mucho por hoy y más encima los ascensores llenos.

En el tercer piso entró al ascensor Julio, un compañero de Universidad que exactamente desde el año noventa tuvo una oficina con su socio Guillermo, otro compañero, desarrollando software. Los visitaba frecuentemente pensando en crear algo en conjunto, pero nunca coincidimos. Al final éramos competencia, una suerte de rivales. La diferencia que siempre estuvo rondando, casi hasta el año dos mil, cuando ya los dejé de ver, fue que cualquier cliente que yo les llevaba, inmediatamente apuntaban a que yo pasaba a formar parte del equipo cómo externo, sin tener injerencia en los derechos de autor ni en las ganancias.  Figura que a mí me acomodaba, porque mis productos apuntaban a proyectos, costos, administración, lo que hoy se conoce por ERP y tampoco pensaba compartirlos. Los clientes que les llevé se extinguieron sin pena ni gloria. Pero algo sabía de eso. Supe que Sergio, ya casado decidió buscar trabajo a  jornada completa, por lo que la oficina se desintegró quedando apenas una página web.

-          Y que haces ahora, ¿todavía programando? – Me preguntó.

-          Si, por supuesto, pero ahora más dedicado a vender. Los programas ya están hechos y están en régimen de mantención. Otros se encargan.  ¿Y tú?

-          Yo estoy a cargo de unos proyectos digitales, mapas, robótica, inteligencia artificial.

Después de varios minutos hablando de sus proyectos, y cuando ya era el momento de despedirse, comenté que lo mío era software de proyectos, comparación del presupuesto con lo real y facturación electrónica. En ese punto hizo pausa en su discurso para comentar que la empresa estaba buscando un proveedor para la factura electrónica.

-          Llámame mañana en la mañana y ahí hablamos. - Mientras me daba su tarjeta.

No era el mismo Julio. Ya no trató de convencerme que estaba equivocado en lo que hacía ni en el uso de mis tiempos, que debía inspirarme en él para así tener oportunidades. Al contrario. Primera vez que se interesó en algo mío.

Lo llamé a media mañana y después del saludo

-          Seré breve. Qué bueno que me llamaste. Mándame tú currículum por el mail que aparece en la tarjeta y ahí veo con Guillermo en que proyectos te ponemos. ¿Ya?

-          Pero Julio, te llamaba por lo que hablamos anoche…

-          Por eso, Mándame tu currículo y lo vemos. ¿Ya? ¿Ya? ¿Estamos?  Un abrazo. Que estés bien. Espero tu currículo.

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