El inconciente me dice que alguien me llama. Me asomo a la ventana y ahí estás. Los días siguen primaverales y veo que has agregado un elemento adicional a tú posición de descanso. Ahora lees sentada en el borde. No estuve en la oficina estos días. ¿Me habrá “hechado” de menos?
Se lo preguntaré. Bueno, cuando la conozca. De pronto bajas el libro y me miras. Glup. Te ríes. Pero no de algo que he hecho, sino que de cortesía. Que tierna. Ahora me haces señas. Levantas tú mano derecha y mueves abriendo y cerrando tus deditos. Es un hola a la antigua. ¡Hola! Te respondo con el mismo gesto. ¿Cómo lo haces para estar cada día más bella? Tu rostro brilla y te veo mas joven. ¿O estaré yo envejeciendo muy rápido? Tú pelo castaño vive. Tiene ondas que acompañan al vaivén de tus movimientos. Estás como contenta e irradias felicidad. Me haces señas. Un poco aturdido te respondo de nuevo. ¡Hola! No, no es eso. Te llevas la mano derecha empuñada a la cara, cerca de la boca. Algo me quiere decir. ¿Combitos? ¿Me estás ofreciendo combitos? Frunzo el ceño para mirar mejor. No logro descifrar. Se ríe. Mueve la cabeza negativamente como diciendo ¿no me entiendes? Levanto ambos brazos, como diciendo me rindo, no entiendo. De nuevo te llevas la mano empuñada a la cara, cerca de la boca, en la mejilla, cerca del oído. Haces con el dedo como que revuelves la taza del te. No entiendo. ¡No puedes meter el dedo en la taza del te! Musito. Arrugo aun más el ceño. Y yo hago lo mismo: muevo el dedo índice como revolviendo la taza y diciendo ¡que es eso! Si. Hace señas entusiasmada. Si. De nuevo te llevas la mano empuñada a la cara y mueves la cabeza con un notorio gesto positivo. O sea me estas diciendo si ¡Pero SI de qué! Y de nuevo imaginariamente metes el dedo en la taza, como revolviendo, como si estuvieras marcando un teléfono antiguo. La verdad es que no entiendo. Te cruzas de brazos. No. No te rindas. Vamos dale. Te hago señas con las manos. Dale, sigue, continua. Ya me dices. Se baja del borde de la ventana y como si estuviera en la pizarra comienza a gesticular, como jugando “adivina el nombre de la película” me muestras ambas manos limpias, ha magia, digo, luego tomas imaginariamente un aparato en tú mano izquierda, con la derecha haces gestos elocuentes que estás apretando teclas sobre el artefacto, luego la mano empuñada la llevas al oído. Y haces mímica ¿adivinaste? Y yo pregunto, haciendo gestos, revolviendo con el dedo la taza de té, ¿Y, que pasó con la taza de té? Se rinde. Se entró. ¿Qué me estará tratando de decir? Ahí se asomó de nuevo. Trae su celular en la mano. Lo muestra y se lo lleva al oído. Y me dice, algo así como ¿entendiste ahora? Ha, digo, a lo mejor me quiere decir por teléfono que significa eso de revolver la taza. TELEFONO. ¡Que vergüenza! Me estuvo diciendo todo el rato que la llame por teléfono. Ahora entendí. Muy bien. Le muestro un cerito con los dedos. Ella aplaude. Tomo mi celular y busco su número mientras se me pasa el bochorno. Ando lento hoy. Marco y espero su respuesta. No alcanza a sonar, escucho un Hola nítido, estaba atenta. ¿Cómo te llamas? Raúl. Y Tú. Paulina. Hola Raúl, costo comunicarnos. - Si. Es que me perdí. - Raúl rápido, que viene un paciente. Mis compañeras van a celebrar mi cumpleaños y quiero invitarte. Hoy a las cinco en el casino que está en el primer piso – Encantado, ahí estaré - En el casino, no faltes. Chao. Cortó y se entró. Quedé de una pieza. A las cinco, repetía en voz alta, mientras caminaba como sonámbulo por el pasillo. Siento que la sangre se me hiela y comienzan a castañearme los dientes. Me invade esa nostálgica emoción que sólo se vive cuando uno es adolescente. Después no debería y si aparecen es porque son sueños inconclusos que quedaron de esos tiempos. Si es así uno desea volver a sentirlos más si yo nunca cerré los ciclos. Los cambio de casa dejaron varios pololeos interrumpidos y cada uno de ellos contribuyó a perder la esperanza en el amor real. El cuerpo está resentido. Son cuentos inconclusos. Y son cuentos que de todas maneras deben ser terminados para cerrar los capítulos. A las cinco entonces.
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