Angustiado porque no partían la torta, la mesa se empezó a achicar, llegaron mas comenzales a la mesa, y si la mesa se achica, se achica también el trozo de torta, de ahí mi angustia. Debe ser muy agradable trabajar en centros médicos, tanta mujer, tantas historias, tanto poto rico. Sólo éramos tres tipos sentado cada uno en un vértice sin ningún
contacto. Las demás puras mujeres. No voy a decir lo que opina un amigo mío cuando hay tanta mujer, roto como el solo. Ya sabía el nombre de Claudia, esta niña que me confunde con alguién de IBM, y que de pronto me sumergió en una converzación de clientes complicados e indecisos. Si no fueran que sus bellos ojos bailaban al ritmo de sus palabras, no lo estaría contando, y siempre finalizaba con la frase , bueno, tú sabes. Quizás en que pelea de perro conoce al verdadero yo, pero como la intriga me mata le voy a seguir el juego, a lo mejor le debe plata y me la devuelve. Paulina, participativa opinaba que ella mejor que nadie sabe lo que es satifacción al cliente, mejorar la detandura es lo mejor que le puede suceder a una persona, y están eternamente agradecidos. Claudia, mencionó, tienes razón, es mejor arreglarse los dientes que agrandarse las tetas. Y bajó su vista mirándose las de ellas, resignada. A todo esto la mesa era un griterío, cada una quería decir lo que durante el día no pudieron. La de ojos claros tenía a todo su entorno convencidos que ella era mejor que el resto, porque ya tenía su cuenta corriente y tarjeta de crédito en la pincipales tiendas comerciales. Ahora era persona. Su rut valía. Nuestra señora, desde la cabecera de mesa, mencionó que ahora estás encadenada al sistema, no puedes equivocarte, no puedes renunciar, no puedes atrasarte, apenas te paguen, tendrás que partir de inmediato a pagar tus deudas, te la vas a pasar pidiendo aumento en los cupos poque no te alcanza, terminarás comprando hasta la mercadería con tarjeta, te hacen creer que es una ampliación a tú sueldo. ¿Sabes que es parte de la educación ahorrar? Debes ahorrar el 25% de tú sueldo, entonces eres persona, si no, eres un número más. Las de ojos claro quedó atravezada. Paulina no escuchó, estaba entretenida converzando con Claudia. La señora esta sí que dispara dardos venenosos. María Cristina, se llama. Al otro lado, una insistía que se tenía que ir, mi marido me está esperando. Que espere, dijo la misma dama, ¿acaso no tiene nada que hacer mientras tanto? Me cargan los tipos mamomes. Mi marido no es ningún mamón, contestó. Chupalla, dije, se agarró con otra. Ahí saltaron otras en su defensa. No hay nada mas rico que tener un perro que te ladre. Dormir sola es terrible, sin que nadie te haga cucharita. Y la del lado quizás que le dijo al oido, porque se tapó la boca de impresión, y le dijo Siiiiiiii, parecía orgasmo. Pero que no sea mamón. Insistía. Cambian la mamá por la esposa. Ves que tenía razón en no hacer una fiesta en mi departamento, sino que aquí mismo y temprano, porque la mitad se tiene que ir. A atender mamones. Déjalo que esté solo, que lea, vea las noticias, atienda los niños, prepare comida y aproveche de planchar. No, mi marido se desespera si no estoy, respondía la aludída, sumisa. O sea mamón y cabrón. Insistía, a mi entender, pasándosele la mano. El tercer tipo, que venía saliendo de una ronda de chistes subidos de tono, preguntó si la palabra mamón venía de mamá o de mamar, porque si es de mamar era el campeón latinoamericano de los mamones, ¿O no, mi amor? mirando a su polola que estaba recargada en sus brazos. Su polola hizo ademán de pegarle un coscorrón, por bocón, pero igual se sumo a la risa generalizada. Increible, se le hinchó el pecho, orgullosa porque ella sí tenía un perro quien la mame, perdón, le ladre. Si la invitación era con pareja, y apenas vinieron 4 tipos, y casi 12 mujeres, entonces Paulina se está salvando, chutas, pensé, que compromiso. El tema de mamón siguió, la dama hiriente seguía argumentando que las mujeres tienen la culpa, porque creen que su deber es sentar cabeza a su pareja y lo inhiben, lo privan de sus placeres. Se casan y ya nunca más juegan al tenis, al pool, ven a sus amigos, no leen lo que ellos quieren, no van al cine como ellos quieren, viajar como lo hacían cuando estaban solteros. Y suma y sigue. Es lo que yo digo, decía, si un hombre es felizmente casado, es porque se transformó en un mamón. Apuesto que si tú marido te dice que va a ir a La Serena con sus amigos de universidad aprovechando el fin de semana largo, no lo dejas. No, po, ovbio, le respondió, si ya se casó. Ves, dijo la dama, entonces a mi entender no es felizmente casado, sino que es mamón. Si renuncia a ese placer, ya es menos feliz. Y otra opinó, si, pero no va ir a La Serena a sacar fotos precisamente, quizás que movida tiene por allá. Ja, dijo otra, si tiene otra movida no la va a tener en La Serena. Finalmente otra dijo, Oye, para el próximo cumpleaños nos juntamos solas e invitamos a unos vedetos y ahí nos sacamos las ganas. Ya, dijeron todas. Miré a Paulina. ¿Tienes ganas? Casi le dije, sólo lo pensé. A ver dijo la pareja de Claudia, juguemos al sin escrúpulo, veamos cuantas son las ganas. Y le preguntó nada menos que a la que generó todo este debate, - partamos contigo -, cuando fue la última vez que hiciste el amor. - Oye, eso es algo íntimo, como te voy a responder algo así. Y saltó la aludía por las tarjetas de crédito ¿Y cómo opina que la pareja de ella es mamón, y le corrige la forma de hablar a otra, y se mete en las deudas de nosotras? Y no me diga que es distinto. Yo hice el amor hoy en la mañanita, y tengo deudas. ¿Y Ud? Responda. ¿Cuándo fue la última vez que hizo el amor? Que responda, que responda, decían a coro. Mientras me acomodaba en el asiento miraba a Paulina que le brillaban los ojos y apenas sonreía, seguramente pensando lo mismo que yo, entre ella y la dama hay dos personas, ¿Qué responderá cuando llegue su turno? Pero María Cristina, la dama de hierro sucumbió, la verdad que hacer, hacer el amor, dijo, hace mucho tiempo, desde que falleció mi primer marido. Las envidio porque ustedes si hacen el amor, yo no. Lo suyo es pura pornografía, dijo su mas cercana – salvándola – y no se ponga triste, igual es rico. Pilla pensé yo, así es como se gana los contertulios. Hiere y después se hace la víctima. Y las demás siguieron, yo, y yo y yo también lo hice en la mañanita. Ese fue el temblor que sentí en la mañana opiné sin reirme. enojado porque se perdió el orden y Paulina no respondió. Yo les gané, dijo la más insólita, Hoy almorcé un pollito al velador. Sale, dijeron sus cercanas, si apenas saliste media hora, ¿A que fuiste entonces? Bueno respondió, tenía poco tiempo, pero igual, yo no arrugo. Fue un coito interreptus, dijo otra. Se defendió, calidad o cantidad. A lo mejor los quince minutos míos equivalen a tres horas de otras, es como criar hijos, calidad o cantidad. A lo mejor no da para mas la cuestión dijo otra. Todo depende de la cuestión. Risas. Eso, eso, cuanto mide la cuestión esa. A ver, preguntémosle a los hombres. Soné. Pensé. Si, dijeron, la Cristina, las tetitas de monja, la de los ojos bonitos, la Claudia que estaba a mi lado, y la misma Paulina que estaba al otro lado, si, si , si, que responda. A ver Raúl. ¿Qué crees que es mejor, un buen tamaño o calidad en el movimiento? Sentí que todo se detuvo, las otras mesas prestaron atención, la caja registradora dejó de sonar, bajaron volumen a la radio, el tipo en la cocina dejó de meter bulla, los taxista se acercaron a la puerta del casino, silencio absoluto. Casi me subí a la silla por lo disminuido que estaba. Esto no sería gratis pensé. Bueno, dije, las estadísticas dicen. No vale gritaron todas, ¿Qué piensas tú? ¿Qué es importante para ti? Glup. En fin. Trague saliva y con mi mejor voz ronca, clarito para decirlo solo una vez, dije, para mi es importante un buen movimiento. Ha, gritó la de ojos claros, Otro huevón que lo tiene chico. Quedó la crema, todas reian. Sentía un carnaval alrededor mío, que vergüenza, atroz, que bochorno, aunque recibía las bromas estoicamente, estas no cesaban. Miraba a Cristina, al frente mío que me decía Iñi piñi, mientras con sus dedos mostraba dos centimetros, Iñi piñi, en contraste notaba que sus tetitas de monja eran tremendas, a todas le crecieron las tetas, hasta Paulina lucía con tremendas delanteras. Manicero, manicero, manicero, gritaban mientras aplaudían. Paulina aplaudía pero cada dos palmadas me tocaba el brazo, como diciendo lo tienes chico, pero estoy contigo. No lloré porque soy machista pero puchas que me habría gustado saber llorar. Habría llorado a mares. En fin, se calmó. Todo se calmó, volvió a la normalidad, apareció música, la cajera siguió en lo suyo, se sentía la bulla en la cocina, siguió la conversación. Paulina esperó que se me pasara y cuando pude sonreir se me acercó, se apoyo en mi, la sentí cerca y me dijo, no te preocupes, siempre lo hacemos. Si hubieras dicho que prefieres tener un buen tamaño, te habrían dicho, otro que se va cortado al tiro. Así que no te preocupes. Como no me voy a preocupar, Iñi piñi.
Continuará.
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