Álvaro era de hablar claro, sumado a eso un manejo en su voz cuando se trataba de aclarar alguna aspereza. Y multiplicado ligeros pasajes de buen humor en sus conversaciones cotidianas.
domingo, 23 de agosto de 2020
jueves, 29 de agosto de 2019
Mi perro cojea
Mi perro cojea. En las noches caminando alrededor de mi cuadra, me sigue lento, se queda atrás.
lunes, 11 de marzo de 2019
domingo, 24 de febrero de 2019
El club en las piedras
Caro y Adriana caminaban a su escondite en la plaza de las piedras a decidir qué harían con sus pretendientes. Estos se agrupaban como los a firme, los negociables y los falsos.
sábado, 23 de febrero de 2019
Juez Madrid
lunes, 4 de febrero de 2019
Frutos del país
Era un barrio como muchos. Sus casas pareadas se alineaban ordenadamente al oriente y al poniente de la calle.
lunes, 17 de septiembre de 2018
El auto del dueño
miércoles, 15 de agosto de 2018
La comisión
domingo, 22 de abril de 2018
Que diablos.....
El mal hablado
Experto en relaciones humanas
El viaje tan esperado
Vamos a Victoria
Alto o disparo
sábado, 25 de marzo de 2017
Semana de 40 horas
Las tertulias en las oficinas son maratónicas. Se sabe la hora de inicio. Fácil, porque coincide con la hora de entrada pero la hora de término va dependiendo del termómetro emocional.
domingo, 29 de enero de 2017
El pais se quema
jueves, 16 de junio de 2016
Por los pasillos de la U
Estamos en el año 1983. Comienzo diciendo que ya tengo veintiséis años y aún asisto a la universidad.
jueves, 12 de marzo de 2015
Una venta en Quilllota
miércoles, 25 de febrero de 2015
Tres horas
Nuestras reuniones mensuales con mis amigas y amigos eran puntuales. El local estaba lleno, el tono de voz ya era varios decibeles más altos. El bullicio casi ensordecedor.
domingo, 12 de octubre de 2014
El lucro del siete por ciento
jueves, 25 de septiembre de 2014
Mala fama
Recuerdo cuando estuve en el liceo, primero medio, por ahí, era un desalmado e irresponsable.
jueves, 28 de agosto de 2014
Se acerca mi cumpleaños y hace frío
domingo, 3 de agosto de 2014
Corte de luz
viernes, 1 de agosto de 2014
Película gringa
No queda nada
martes, 29 de julio de 2014
Duerme bien, duerme bien
martes, 1 de julio de 2014
Revista de Pato Donald
jueves, 21 de noviembre de 2013
El Anillo de la Lluvia
El Anillo de la Lluvia
Tenía doce
años y medio cuando nos mudamos a Valdivia. Aquel año marcó una nueva etapa en
mi vida: estaba a punto de comenzar séptimo año en el liceo, y nunca antes
había visto llover así. Era como si la ciudad estuviera perpetuamente envuelta
en un manto de agua.
Al principio,
recién instalados en nuestra nueva casa, mis padres no me dejaban salir, algo
completamente ajeno a mis costumbres. Decían que el barrio era peligroso; las
calles permanecían inundadas incluso las veredas, y el barro parecía ser
eterno. Pero la tentación de explorar fue más fuerte. Mi madre, que jamás salía
bajo la lluvia ni se mojaba, empezó a mandarme primero a comprar cigarrillos,
lo que me dio la excusa perfecta para recorrer el barrio.
Los primeros
amigos que hice fueron mis vecinos de la cuadra. Jugaban básquetbol en una
plaza donde un solitario poste con un aro nos servía de canasta. Me invitaron a
unirme porque les faltaba un jugador. El juego era divertido porque la lluvia
siempre volvía y con el barro la pelota apenas rebotaba. Perdí el miedo al
clima. No podía embarrarme más de lo que ya estaba, y en casa, mis padres se
resignaron.
Dentro del
grupo, estaba Lucho. Gozaba de cierto prestigio entre los vecinos,
especialmente entre las madres, porque al año siguiente terminaría el liceo y
se decía que iría a la universidad. Lucho tenía una polola llamada Verónica,
que vivía al otro lado del pasaje. Rara vez jugaba con nosotros, porque siempre
estaba paseando con ella de un lado a otro. A pesar de la diferencia de edad,
Lucho y yo nos hicimos amigos. Compartíamos dos cosas: ambos teníamos bicicleta
y ambos tocábamos la guitarra. Aunque todos en el barrio tenían bicicleta, solo
nosotros pasábamos horas en el patio techado de su casa tocando la guitarra,
especialmente cuando la lluvia arreciaba, retumbando en las planchas de zinc.
Lucho se
autodenominaba concertista. No cantaba; tocaba leyendo partituras, algo inédito
para mí. Para estar a su altura, tuve que aprender rápidamente lo que era un
pentagrama, las notas, los tiempos, y las pausas. Él me enseñaba pacientemente,
mientras Verónica siempre estaba presente, acompañada de su hermana menor,
Pachi, así no más, ya que nunca supe su verdadero nombre. Pachi tenía dos o
tres años más que yo, quizás más porque a mí me parecía inmensa.
Así pasábamos
las tardes después de clase, hasta que la noche nos envolvía por completo. Bajo
esa techumbre metálica, mientras la lluvia golpeaba incansablemente,
desafinábamos con la guitarra sin preocuparnos. Verónica
era muy gentil por traer siempre a su hermana, por la cual yo estaba siempre
contento y agradecido. Qué vergüenza sentía cuando Lucho o Verónica
insinuaban: “A ti te gusta la Pachi”.
Lucho y
Verónica a veces desaparecían, se iban al fondo del patio, donde se distinguían
apenas sus siluetas apoyadas en el tronco del cerezo. Se
daban besos interminables. Pachi y yo tocábamos la guitarra, aunque de
vez en cuando no podíamos evitar mirarlos. No decíamos nada, pero en mi mente
pensaba cuánto me gustaría estar así con Pachi.
Jugábamos a
"corre el anillo", y Lucho y Verónica se aseguraban de que
perdiéramos, obligándonos a cumplir penitencias. La mayoría de las veces, la
penitencia era darnos un beso en la mejilla, y así fue como besé a Pachi por
primera vez.
Un día, Lucho
me desafió a pedirle pololeo a Pachi. Sabía que yo no me atrevería, así que me
sugirió una propuesta especial para tímidos: “Regálale un anillo”. Al
principio, me parecía una idea absurda, pero la idea comenzó a crecer en mi
mente. Decidí que empezaría a juntar dinero de lo que sobrara de los mandados.
Lucho llevaba la cuenta: “Te falta mucho todavía, con esto no te alcanza ni
para un pañuelo”. Pero la ilusión me tenía atrapado, y no dejé de ahorrar. Ya estaba poseído por la ilusión. Lo había visto en algunas
películas y leído en algunos cuentos, así que no tenía argumento para echar pie
atrás. “Y si le compro flores”, también había leído que se usa.
Finalmente,
después de dos meses, Lucho me anunció que ya tenía lo suficiente. “Ahora
tienes que comprarlo”, me dijo, pero se negó a acompañarme. El encanto, según
él, estaba en elegirlo y entregarlo con la ceremonia adecuada. Qué vergüenza.
Un día,
mientras llovía a cántaros, me planté frente a la joyería en la plaza del
pueblo. Observé la vitrina, llena de anillos, todos distintos. Quedé
petrificado frente al escaparate, evaluando cómo sería el proceso. Los anillos
estaban dispuestos en bandejas, y mi atención se centró en aquellos que tenían
una perlita.
Caminé
hacia la puerta principal y la abrí mientras la campanilla sonaba
estridentemente. Quedé paralizado por un momento, todavía había tiempo para
volver atrás, pero la imagen y la mirada desafiante del vendedor, un alemán
alto que lucía una cotona color crema apoyado con ambos brazos en el mesón de
vidrio, me desafió. Caminé hacia él. No me saludó, yo mudo; no me habló, no me
preguntó que deseaba. El alemán tenía la apariencia de mi abuelo, de edad, por
lo tanto supuse que era el dueño, o si no ya estaría jubilado. Como sus lentes
eran bifocales, bajó la mirada para ver por la parte superior. Lucía su
calvicie.
Respiré
y dije: “Tiene anillos”, pregunta absurda. Supuse que rompí el hielo, pero no,
seguía impávido. Después de varios e intensos segundo, volví a la carga. “De
oro”. Nada, no se inmutaba. “Con una perlita”, ¿será sordo? No me parecía
extraño, a mi abuelo hay que gritarle. Y dije la palabra clave, “de
compromiso”. El alemán subió ambas cejas. Entendió - pensé. Luego dije, “para
mi polola”, el alemán abrió ambos ojos, que con sus lentes con harto aumento se
le vieron inmensos. Temí que iba a decir algo, cuestionar mi edad, andar con
tanto dinero, pero no dijo nada. Siguió en silencio. Me tranquilicé un poco.
Más que mal debe estar acostumbrado a estas compras de costumbres casi
medievales. Estiró su brazo hacia la derecha, sin dejar de mirarme; abrió una
puerta corredera y sacó una bandeja repleta de anillos. La puso sobre el mesón.
Tuve que empinarme un poco y cerciorarme que era lo que andaba buscando. El
alemán volvió a apoyarse con ambas manos en el mesón de vidrio, ya desafiante,
sin dejar de mirarme. Tomé uno con una perlita. Lo probé en mi dedo anular. No
me gustó. Tomé el segundo. Tampoco. Eran caros. Cómo estaban ordenados por
precio, me fui a los simples pero siempre con una perla. Tomé uno y me lo
probé. No entró en el dedo anular. Miré al alemán como pidiendo explicaciones.
Me dijo con su voz ronca, de fumador, igual que mi abuelo, “tienes que probar
en el dedo chico, las niñas tienen las manos más chicas”. Lo quedé mirando, y
dije: “mi polola tiene dieciséis años”. Al alemán se le doblaron ambos brazos.
Diría que también sus piernas. Sus lentes cayeron a media nariz.
Siguiendo su consejo en relación al tamaño de las manos y recordando a la Pachi
me lo probé en el dedo gordo. Me convencía. Este sí.
El fulano enojado tomó la bandeja y la guardo. Tomó el anillo, a tirones se lo
di, lo metió en una cajita forrada en género aterciopelado. Le pasé el dinero.
Lo desparramó sobre la mesa de vidrio y me encaró por si faltaba algo.
“Dos meses”. Dije. “Tardé dos meses en juntar el dinero”. Mientras le
enrostraba dos dedos. No se cómo me agarró los dedos y me los dobló, “insolente”.
Mi abuelo lo hacía siempre. Casi lo consideré un cariñito.
Comenzó a separar los billetes de las monedas. Luego ordenadamente lo guardaba
en su caja. Tomó la cajita aterciopelada del anillo y lo guardó en una pequeña
bolsa de género, con una cinta para apretarla. Cómo una bolsa para guardar
pepitas de oro.
Salí de la tienda sin despedirme con el anillo en ni poder.
Primero
le comuniqué a Lucho, y él se encargó de elegir el día. Ahora viene lo peor.
"Tendrás que declararte".
Esa noche estábamos
los cuatro en el patio de su casa. No llovía y todo estaba a oscuras, excepto
por la luz del comedor que iluminaba tenuemente. Con Pachi nos sentamos en una
banca, uno al lado del otro, mientras Lucho y Verónica reían desde la otra
banca.
Con el
corazón latiendo a mil, solté la amarra de la bolsita, saqué la cajita y, antes
de abrirla, me giré hacia Pachi y le pregunté, muy avergonzado: "¿Quieres
pololear conmigo?".
El silencio
fue absoluto. No llovía, ningún perro ladraba, y el pasaje estaba desierto.
Pachi, con una sonrisa que iluminó la oscuridad, dijo: "Sí". Le
entregué la cajita, y mientras ella la abría, Lucho y Verónica reían en la
penumbra.
Pachi sacó el anillo y lo deslizó en su dedo mientras yo rogaba que fuera su medida. Lo miraba con admiración, girando la mano para ver cómo lucía bajo la tenue luz. Me mostró el anillo puesto, y yo, ya menos tímido, acaricié su mano, entrelazando mis dedos con los suyos. Estábamos más cerca que nunca. Miraba su anillo y por entre sus dedos veía su rostro. El anillo nos unía. Noté que ella tomó fuerza y comenzó a acercarse, sin dejar de mirarme. Estaba emocionado. Siempre en los juegos era yo el que me acercaba a cobrar la penitencia. Era yo el que le robaba un beso. Se detuvo justo a centímetros y me besó. Nos dábamos múltiples besos cortitos, sin retirarnos. Nos quedamos frente a frente, por largo rato, tomados de las manos y unidos en esos besos interminables.
Lucho y
Verónica se retiraron al fondo del patio, dejándonos solos. Pachi se acomodó a
mi lado, y yo pasé mi brazo por sus hombros atrayéndola
hacia mí. Ella al quedar cerca buscó mis labios mientras acariciaba mi rostro.
Nos besábamos y nos hablábamos, sin despegarnos. Sentía el perfume de su pelo
liso, que ya caía desordenado sobre su rostro y no hacía esfuerzo para
acomodárselo. Ya tenía autorización para entre abrir mis labios, ella
entreabría los suyos. La succionaba suavemente, ella hacía lo mismo. Con mi
lengua frotaba sus labios, los acariciaba, con suavidad, con lentitud. Después
lo hacía ella. A veces nos retirábamos para mirarnos.
Los
meses que estuvimos juntos el recuerdo de esa noche era tema obligado. Fuimos
cómplice esa noche. El anillo fue el culpable.
Al
año nos mudamos a otro barrio en Valdivia. Conocí a otros amigos y con el
tiempo solo me crucé con algunos, muy pocas veces con Lucho, nunca con Verónica
y no supe de Pachi. Seguramente crecimos de pronto.
A finales de
1974, en una fiesta, la volví a ver. Pachi estaba allí, alta, delgada y
hermosa, con su largo cabello liso y su piel aceitunada. Tenía diecinueve años,
yo apenas diecisiete. Estaba con su grupo, y también con su pololo. En uno de
esos cruces, nos saludamos, nos abrazamos, y le pregunté por el anillo. Ella
sonrió y me dijo: "Está bien guardado".
Más tarde,
durante la fiesta, me senté en el brazo de un sillón donde Pachi estaba
sentada. Al notar que su amiga se levantaba, Pachi ocupó su lugar, quedando a
mi lado. Sentí su mano cerca y la tomé. Ella no reaccionó al principio, pero
luego me apretó suavemente la mano y me dijo: "Nosotros tenemos algo
pendiente...".
martes, 23 de octubre de 2012
La peluquera
viernes, 28 de septiembre de 2012
Mario
lunes, 24 de septiembre de 2012
El primogénito
viernes, 11 de mayo de 2012
Tsunami llegó a la hora
viernes, 27 de abril de 2012
EL mall de Castro
domingo, 12 de febrero de 2012
Tenemos presidenta
El Juez Garzón
domingo, 18 de diciembre de 2011
Caos en la UC.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Riñihue
lunes, 21 de noviembre de 2011
Cruce al río
Atardece y Silvia no aparece. Los nervios me comen y creo desintegrarme. Me invitó a su casa. Sus tíos adoptivos están de viaje así que por primera vez estaremos solos.
sábado, 29 de octubre de 2011
Se acabó la transición
jueves, 20 de octubre de 2011
Steve Jobs
domingo, 12 de diciembre de 2010
Los verdugos
lunes, 1 de noviembre de 2010
Me creía tuerca
sábado, 23 de octubre de 2010
La Señora Nenita
miércoles, 20 de octubre de 2010
La Justicia
lunes, 11 de octubre de 2010
Escuché en la mina
sábado, 2 de octubre de 2010
Que feliz me siento
sábado, 26 de junio de 2010
Quería ser socio
jueves, 17 de junio de 2010
Suiza metió la cola
Ganarle a Suiza y al menos empatar con España.
domingo, 16 de mayo de 2010
Ahora sigo y tengo seguidores.
No me puede importar menos.
Aunque uno siempre escribe para que nos lean.
jueves, 25 de marzo de 2010
Graduación
viernes, 12 de marzo de 2010
boinazo
martes, 22 de diciembre de 2009
Villegas y sus comentarios
Quien cree a Hermógenes
jueves, 3 de septiembre de 2009
Ataque al PDI
lunes, 29 de junio de 2009
Pedofilia. Michael Jackson
martes, 23 de junio de 2009
Villegas es un matón
domingo, 5 de abril de 2009
Y quien es mas tonto, el hombre o la mujer
No puedo pasar por alto, aunque prometí nunca mas hablar de política, mencionar lo asombrado que me encuentro al ver las encuestas y ver a Bachelet con tal alta adhesión.
jueves, 26 de febrero de 2009
miércoles, 25 de febrero de 2009
jueves, 12 de febrero de 2009
jueves, 25 de septiembre de 2008
Fondas
Tenía dieciocho años y mi primo me llamó
Había invitado a dos niñas que querían conocer Santiago en plenas fiestas patrias,
A medio día nos juntamos y las llevamos al parque O´higgins,
viernes, 19 de septiembre de 2008
Obra de Teatro
jueves, 5 de junio de 2008
Los Mitómanos
domingo, 4 de mayo de 2008
Vinagre de Manzana
miércoles, 9 de abril de 2008
Lucy
viernes, 21 de marzo de 2008
La justicia, ja
domingo, 3 de febrero de 2008
Las alergias
Año nuevo
jueves, 1 de noviembre de 2007
Escribir del trabajo
Tras TranSantiago
domingo, 7 de octubre de 2007
Familia Pinochet
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Dos amigas
lunes, 17 de septiembre de 2007
Medio siglo
sábado, 15 de septiembre de 2007
Este 11
lunes, 21 de mayo de 2007
LICEO 26
sábado, 14 de abril de 2007
¿Matando el género?
sábado, 3 de marzo de 2007
Tras santiago
jueves, 4 de enero de 2007
Casi tres dictadores
viernes, 15 de diciembre de 2006
Casi cuatro presidentes milicos
viernes, 1 de diciembre de 2006
A mi maní
domingo, 26 de noviembre de 2006
¿Cuanto le debo?
viernes, 17 de noviembre de 2006
Vista a la de re...
martes, 26 de septiembre de 2006
Pasajes de infancia
sábado, 16 de septiembre de 2006
Plástica
jueves, 25 de mayo de 2006
Manda pañal, no manda calzón
viernes, 19 de mayo de 2006
Los pollitos verdes
miércoles, 17 de mayo de 2006
¿Que es lo que tengo que decir?
martes, 16 de mayo de 2006
La jefa
lunes, 15 de mayo de 2006
Días del padre
sábado, 29 de abril de 2006
Viaje placentero
jueves, 20 de abril de 2006
Huele mal
lunes, 17 de abril de 2006
Pueblo Chico
domingo, 16 de abril de 2006
Pasión de Cristo
jueves, 13 de abril de 2006
Reunión de Jefes de proyectos
sábado, 1 de abril de 2006
Balas o piedras con honda
sábado, 25 de marzo de 2006
Locutor
Escuché por los altoparlantes “se prohíbe consumir alimentos al interior del supermercado” Es gracioso ver a ese personaje cómo se transforma frente al micrófono. Es su arma, su oficina, su pupitre, puede decir lo que quiera y eso le da poder. Y nunca se sabe, no vaya a ser cosa que esté
miércoles, 22 de marzo de 2006
¿Dichos perros eran nuestro?
lunes, 13 de febrero de 2006
Urbe
domingo, 12 de febrero de 2006
El verano caliente
sábado, 11 de febrero de 2006
Primeros amores
viernes, 10 de febrero de 2006
Intentarlo
martes, 31 de enero de 2006
A todo sol
viernes, 23 de diciembre de 2005
¿Comprar un libro?
viernes, 16 de diciembre de 2005
Un comentario a otro comentario
lunes, 12 de diciembre de 2005
EL día después
sábado, 10 de diciembre de 2005
Los 10 capos de la Dictadura
martes, 6 de diciembre de 2005
¿Y si me hubiera casado con ella....?
viernes, 2 de diciembre de 2005
Y paso de nuevo
martes, 22 de noviembre de 2005
Metrópolis
jueves, 17 de noviembre de 2005
Vi el debate
lunes, 14 de noviembre de 2005
CUMBRE DE LA CORRUPCION EN SANTIAGO
sábado, 12 de noviembre de 2005
Corrupción en las oficinas
domingo, 6 de noviembre de 2005
Libertad de elegir
sábado, 5 de noviembre de 2005
Te tengo Identificado
viernes, 4 de noviembre de 2005
Sirenas sordas
domingo, 30 de octubre de 2005
Brujo el día
Urbanidad
Pepito paga doble
domingo, 16 de octubre de 2005
La Calle
Nada es Fácil
lunes, 10 de octubre de 2005
Yo no era así
jueves, 29 de septiembre de 2005
El primo cantante
lunes, 26 de septiembre de 2005
1985 Radio cooooperativa
domingo, 28 de agosto de 2005
Tener voz
viernes, 19 de agosto de 2005
Realidad en la realidad
viernes, 12 de agosto de 2005
Test anual
Imagen
jueves, 11 de agosto de 2005
Hábitos
miércoles, 10 de agosto de 2005
Visitas
domingo, 31 de julio de 2005
Asi no mas
sábado, 30 de julio de 2005
Mi secretaria
miércoles, 27 de julio de 2005
Mujeres manejando
miércoles, 11 de mayo de 2005
La Barba
lunes, 25 de abril de 2005
Mi suegra
jueves, 24 de marzo de 2005
Día 22
sábado, 5 de marzo de 2005
La oficina
miércoles, 23 de febrero de 2005
Golpe y fondo
jueves, 3 de febrero de 2005
Sobras
domingo, 19 de septiembre de 2004
Reencuentro
La historia es sobre un compañero de universidad de esos que uno define, sin demasiada reflexión, como “puta madre”. Nunca estudiaba. Nunca. La imagen que conservo es la de su llegada a las pruebas de los sábados —en esos inviernos helados— con el mismo abrigo gastado, barba crecida, pelo revuelto, ojeras de tres pisos y un cigarro siempre prendido. Venía directo del salón de pool, después de pasar la noche entera entre mesa y mesa, copa y copa.
jueves, 9 de septiembre de 2004
Príncipe
martes, 22 de junio de 2004
Sano o enfermo
miércoles, 9 de junio de 2004
Antesala
jueves, 29 de abril de 2004
El abono
jueves, 15 de abril de 2004
Práctica profesional
sábado, 10 de enero de 2004
Recuerdo de Infancia
jueves, 20 de noviembre de 2003
Manuel y su padre
jueves, 16 de octubre de 2003
La Felicidad y la memoria
Definir la felicidad es uno de esos deportes inútiles que la humanidad practica con entusiasmo. Cada cual opina desde su metro cuadrado emocional y, curiosamente, siempre tiene razón. No porque la felicidad sea clara, sino porque es imprecisa por naturaleza.
I Fiesta de fin de año
II Fiesta de fin de año
A su lado vi a otro personaje. Delgado, de cara seria, completamente opuesto al jefe de personal. Este sí se veía cansado y maltratado. Triste. Aburrido. Un ser disminuido. Era el contador de la empresa, el tesorero. Subordinado directo y hombre de confianza del gerente de administración y finanzas.
